1921-1930

1921.  Anatole France

«en reconocimiento a sus brillantes logros literarios, que se caracterizan por una nobleza de estilo, una profunda simpatía humana, elegancia y un temperamento galo verdadero». Así aparece planteado el motivo de su premio. Su obra más conocida: La isla de los pingüinos.

Robo doméstico


Hace unos diez años, quizá más, quizá menos, visité una cárcel de mujeres. Era un antiguo palacio construido en tiempos de Enrique IV cuyos altos tejados de pizarra dominaban una sombría pequeña ciudad del Mediodía, a orillas de un río. El director de esta cárcel estaba próximo a la edad de la jubilación. Tenía ideas propias y sentimientos humanos. No se hacía ilusiones respecto a la moralidad de sus trescientas internas, pero no consideraba que estuviera muy por debajo de la moralidad de trescientas mujeres tomadas al azar en cualquier ciudad.

-Aquí hay de todo, como en todas partes -parecía decirme con su mirada dulce y fatigada.

Cuando cruzamos el patio, una larga fila de internas acababa su paseo silencioso y regresaba a los talleres. Había muchas viejas, con aspecto bruto y solapado. Mi amigo, el doctor Cabane, que nos acompañaba, me hizo observar que casi todas aquellas mujeres tenían alguna tara característica, que el estrabismo era frecuente entre ellas, que eran unas degeneradas y que había muy pocas que no estuvieran marcadas por los estigmas del crimen, o al menos, del delito. El director sacudió lentamente la cabeza. Vi que no compartía las teorías de los médicos criminalistas y que seguía persuadido de que en nuestra sociedad los culpables no son siempre muy diferentes de los inocentes.

Nos condujo a los talleres. Vimos a las panaderas, a las planchadoras, a las lavanderas trabajando. El trabajo y la limpieza ponían allí un poco de alegría. El director trataba a todas las mujeres con bondad. Las más torpes y las más perversas no le hacían perder ni su paciencia ni su benevolencia. Consideraba que hay que pasarle bastantes cosas a las personas con las que uno convive; que no hay que exigirle demasiado ni siquiera a las delincuentes y a las criminales; y, contrariamente a lo que era habitual, no le exigía a las ladronas y a las alcahuetas que fueran perfectas por el hecho de estar pagando su condena. No creía en absoluto en la eficacia moral de los castigos, y renunciaba a hacer de la cárcel una escuela de virtud. No creía que se haga mejor a las personas haciéndoles sufrir, por ello evitaba todo cuanto podía los sufrimientos a aquellas desgraciadas. No sé si tenía sentimientos religiosos, pero no concedía ninguna significación moral a la idea de expiación.

-Interpreto el reglamento -me dijo- antes de aplicarlo. Y se lo explico personalmente a las detenidas. Por ejemplo: el reglamento ordena silencio absoluto. Pero, si guardaran silencio absoluto, todas se volverían idiotas o locas. Pienso, debo pensar, que no es eso lo que pretende el reglamento. Les digo: «El reglamento les ordena guardar silencio. ¿Qué significa esto? Significa que las vigilantes no deben oírlas. Si se les oye, serán castigadas; si no se les oye, no habrá ningún reproche que hacerles. Yo no puedo pedirles cuentas de sus pensamientos. Si sus palabras no hacen más ruido que sus pensamientos, no puedo pedirles cuentas de sus palabras». Así advertidas, se las ingenian para hablar sin, por así decirlo, emitir sonidos. No se vuelven locas y la norma se cumple.

Le pregunté si sus superiores jerárquicos aprobaban aquella interpretación del reglamento. Me contestó que los inspectores le hacían reproches con frecuencia; y que entonces él los conducía a la puerta exterior y les decía: «Ustedes ven esta reja; es de madera. Si se encerrara en este centro a hombres, al cabo de ocho días no quedaría ni uno dentro. A las mujeres no se les ocurre evadirse. Pero es prudente no ponerlas rabiosas. El régimen de la cárcel no es ya de por sí muy favorable para su salud física y moral. No me responsabilizaría de guardarlas si se les impone la tortura del silencio».

La enfermería y los dormitorios, que visitamos a continuación, estaban ubicados en grandes salas encaladas, que no conservaban de su antiguo esplendor nada más que unas monumentales chimeneas de piedra gris y mármol negro rematadas por pomposas Virtudes en relieve. Una Justicia, esculpida hacia 1600 por algún artista flamenco italianizado, con el pecho al aire y el muslo fuera de su túnica abierta, sujetaba con un robusto brazo una balanza alocada cuyos platillos chocaban como címbalos. Aquella diosa dirigía la punta de su espada hacia una pequeña enferma acostada en una cama de hierro, sobre un colchón tan delgado como una toalla doblada. Habríase dicho una niña.

-Y bien, ¿se encuentra mejor? -le preguntó el doctor Cabane.

-¡Oh! sí, señor, mucho mejor. -Y sonrió.

-Bueno, sea muy prudente y se curará.

Miró al médico con unos grandes ojos llenos de alegría y esperanza.

-Es que esta pequeña ha estado muy grave -dijo el doctor Cabane. Y seguimos.

-¿Por qué delito está condenada?

-No es por un delito, es por un crimen.

-¡Ah!

-Infanticidio.

Al final de un largo corredor, entramos en una pequeña habitación bastante alegre, repleta de armarios y cuyas ventanas -que no tenían rejas- daban al campo. Allí, una mujer joven, muy bonita, escribía sobre una mesa. De pie, cerca de ella, otra, con muy buen tipo, buscaba una llave en un manojo colgado de su cintura. Habría creído que se trataba de las hijas del director. Pero éste me advirtió que eran dos internas.

-¿No se ha dado cuenta de que llevan el uniforme de la casa?

No me había percatado de ello, sin duda porque no lo llevaban como las demás.

-Sus vestidos están mejor hechos y sus gorros, más pequeños, dejan ver sus cabellos.

-Es porque es muy difícil impedir que una mujer enseñe su cabello, sobre todo si es bonito -me contestó el viejo director-. Éstas están sometidas al régimen común y astrictas al trabajo.

-¿Qué hacen?

-Una es archivera y la otra bibliotecaria.

No fue necesario preguntar: eran dos pasionales. El director no nos ocultó que prefería a las criminales antes que a las delincuentes.

-Sé -comentó- que son como extrañas a su propio crimen. Fue como un relámpago en su vida. Pero son capaces de rectitud, de valor, de generosidad. No podría decir lo mismo de mis ladronas. Sus delitos, que siempre son mediocres y vulgares, constituyen el entramado de su existencia. Son incorregibles. Y la bajeza que les hizo cometer actos reprensibles, impregna constantemente su conducta. La pena que se les impone es relativamente pequeña y, como tienen poca sensibilidad física y moral, la soportan habitualmente con facilidad. Eso no quiere decir -añadió vivamente- que esas desgraciadas sean todas indignas de piedad y no merezcan que uno se interese por ellas. Mientras más vivo, más me doy cuenta de que no hay culpables, sólo hay desgraciados.

Nos hizo entrar en su despacho y dio a una vigilante la orden de traer a la detenida número 503.

-Voy a ofrecerles un espectáculo que no he preparado, les ruego que me crean -nos dijo-, y que les inspirará sin duda nuevas reflexiones respecto a los delitos y a las penas. Lo que van a ver y oír, yo lo he visto y oído cien veces en mi vida.

Una interna, acompañada de una vigilante, entró en el despacho. Era una joven campesina bastante bonita, de aspecto simple, bobalicón y dulce.

-Tengo una buena noticia que comunicarle -le dijo el director-. El señor presidente de la República, conocedor de su buena conducta, acaba de perdonarle el resto de su condena. Saldrá usted el sábado.

Ella escuchaba, con la boca entreabierta y las manos cruzadas sobre el vientre. Pero las ideas no entraban tan rápido en su cabeza.

-Saldrá usted el próximo sábado de esta casa. Será libre.

Esta vez comprendió, sus manos se levantaron en un gesto de desesperación y sus labios temblaron.

-¿Es verdad que tengo que irme? Pero entonces, ¿qué va a ser de mí? Aquí estoy comida, vestida y todo. ¿No podría usted decirle a ese buen señor que es mejor que me quede donde estoy?

El director le hizo ver con dulce firmeza que no podía rechazar la gracia que se le había concedido; luego le advirtió que, al marcharse, recibiría una suma de diez o doce francos.

Salió del despacho llorando.

Yo pregunté qué era lo que había hecho. Él repasó un registro:

-503: Era criada de unos agricultores… Le robó unas enaguas a sus amos… Robo doméstico… Ya sabe, la ley castiga severamente el robo doméstico.




1922. Jacinto Benavente

«por la feliz manera en que ha continuado las tradiciones ilustres del drama español». De hecho, no se conocen más obras de Jacinto Benavente que pertenezcan a otro género literario. Entre las más renombradas se pueden mencionar Los intereses creados y La malquerida. En este caso, optaremos por mencionar algunas de sus frases más relevantes:

No hay ninguna lectura peligrosa. El mal no entra nunca por la inteligencia cuando el corazón está sano.

Los dictadores pueden reformar las leyes; pero no las costumbres.

El amor es como Don Quijote: cuando recobra el juicio es que está para morir.

¡Bienaventurados nuestros imitadores, porque de ellos serán todos nuestros defectos!

La disciplina consiste en que un imbécil se haga obedecer por los que son más inteligentes.

No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera.

Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa.

El enemigo sólo empieza a ser temible cuando empieza a tener razón.

Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos.

Si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.

Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.

La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe.

Como en las deudas, no cabe con las culpas otra honradez que pagarlas.

Muchos creen que tener talento es una suerte; nadie que la suerte pueda ser cuestión de tener talento.

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro.

El que es celoso, no es nunca celoso por lo que ve; con lo que se imagina basta.

El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo.

Mucha buena gente que sería incapaz de robarnos el dinero, nos roba sin escrúpulo alguno el tiempo que necesitamos para ganarlo.

El honor no se gana en un día para que en un día pueda perderse. Quien en una hora puede dejar de ser honrado, es que no lo fue nunca.



1923. William Butler Yeats

Los cisnes salvajes de Coole es una de sus obras destacadas.

Nacido en Dublín, cuando leyó su discurso de aceptación del Nobel en la Real Academia Sueca Yeats manifestó hacerlo como estandarte del nacionalismo irlandés y de la independencia cultural irlandesa.

Fue político, poeta, dramaturgo y formó parte de la orden secreta The Golden Dawn, aunque luego la abandonó. Fundó el Abbey Theatre y el Teatro Nacional Irlandés, que dirigió durante toda su vida, inspirado en las tradiciones celtas y en las leyendas folklóricas antiguas.

«por su poesía siempre inspirada, la cual brinda expresión al espíritu de una nación entera de una forma altamente artística» Asì se señala el motivo de su premiaciòn. Nuevamente tenemos un ejemplo de predominio de las elecciones de los Nobel en relaciòn con el gènero lìrico, en este caso para un autor irlandès.

¿QUIÉN SOÑÓ QUE LA BELLEZA PASA COMO UN SUEÑO?
¿Quién soñó que la belleza pasa como un sueño?
Por estos labios rojos, con todo su triste orgullo,
tan tristes ya, que ninguna maravilla pueden presagiar,
Troya se nos fue con destello fúnebre y violento
y murieron los hijos de Usna.
Desfilamos, y desfila con nosotros el mundo atareado
entre las almas de los hombres, que se despiden y ceden su puesto
como las pálidas aguas en su glacial carrera;
bajo estrellas que pasan, espuma de los cielos,
sigue viviendo este rostro solitario.
Inclinaos, arcángeles, en vuestra sombría morada:
Antes de que existierais y antes de que ningún corazón latiera,
rendida y amable permanecía junto a su trono;
la belleza hizo que el mundo fuera una senda de hierba
para que Ella posara sus pies errantes.

SANGRE Y LUNA
Bendito sea este lugar
Y aún más bendita esta torre;
Un poder sangriento y arrogante
Se levantó de la raza
Para expresarla, para dominarla,
Se alzó como los muros
De estas cabañas azotadas por la tormenta.
Como burla he construido
Un emblema poderoso
Y lo canto verso a verso,
Como burla de una época
Medio muerta en la cima

 



1924. Władysław Reymont

Los campesinos es una de las obras emblemàticas de este escritor polaco, novelista en este caso, que justamente se centrò en la historia y en el panorama rural de su paìs.

Al momento de la adjudicaciòn del Nobel el dictamen señala: «por su gran épica nacional», en relaciòn con la obra antes mencionada. Sòlo unas pocas palabras para caracterizar su escritura. Sin embargo hay que señalar que la literatura de Reymont abarcò tambièn el gènero fantàstico, destacàndose entre otras razones por la apariciòn de la figura del vampiro. Lamentablemente es difìcil encontrar material traducido al español de este escritor. En relaciòn con otro de sus libros, La tierra de la Gran Promesa, una reseña de Google hace referencia a èl como «su libro más emblemático y por el que se le compararía a los grandes escritores y pensadores en la mejor tradición del realismo social y la inquietud moral (Dickens, Zola, Morris, Galdós, Ruskin, Ibsen). La inolvidable versión cinematográfica de Andrzej Wajda en 1974 contribuyó aún en mayor medida a la difusión mundial de esta espléndida obra maestra sobre el nacimiento del capitalismo en la ciudad de Lodz, conocida como el Manchester centroeuropeo.«

«Los trenes pasaban trepidantes; temblaban las paredes y retumbaban las ventanas; la oscuridad iba penetrando en el cuarto, una oscuridad parda, lúgubre, gélida, y Josio seguía fantaseando erráticamente por lejanos países, por mares inabarcables, por ciudades magníficas y prodigios inefables.Josio trabaja como vendedor de billetes en una estación de tren de provincias y, como de costumbre, permanece ante la ventanilla absorto en esta labor monótona y cotidiana: escucha las demandas, alcanza los billetes desde un estrecho compartimiento, los sella, los entrega, recoge el dinero y devuelve el cambio. Y lo hace rápida y aplomadamente, con una gran parquedad de movimientos, como un autómata, mientras, ahogado por el traqueteo de los trenes, consigue olvidarse paulatinamente de sí mismo y construye castillos en el aire.Su principal sueño: viajar, tiene que viajar. No siempre ha sido vendedor de billetes.» Esta cita, de El soñador, amerita un comentario por parte del reseñador acerca de Reymont como narrador naturalista.



1925. George Bernard Shaw

Otro irlandés entre los premiados. En general destacó por sus obras de teatro, en especial por Pigmalión que ha dado mucho para discutir en su época y posteriormente a partir del rol de la mujer que aparece representada y una doble moral de un caballero capaz de urdir un plan por el cual la esencia y personalidad de los seres humanos dependería más de la educación que se les dé que de la condición personal (algo que una mujer será capaz de poner en jaque, en una época en que la educación de la mujer además no era prioridad).

«por su trabajo que está marcado tanto por idealismo como por humanidad y su sátira estimulante que a menudo se halla infundida con una singular belleza poética». La cita de la justificación del otorgamiento del Nobel quizás tenga algo que ver con lo planteado precedentemente. Escogeremos entonces alguno de los parlamentos de su obra que nos revelen algo  de lo expuesto; entretanto, mientras realizo la búsqueda del parlamento que deseo, dejo aquí algunas de sus frases:

“La vida no tiene más que dos tragedias. Una es no alcanzar el deseo de tu corazón; la otra es alcanzarlo”

 “No dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar”

“La gente que dice que no se puede hacer no debe interrumpir a los que lo están haciendo”



1926. Grazia Deledda 

Escritora italiana nacida en 1871 y fallecida en 1936. Cenizas es el nombre de la novela que determina su premiación «por sus escritos idealistas inspirados que con una claridad plástica describen la vida en su isla natal y con profundidad y simpatía hacen frente a los problemas humanos en general». La obra de Deledda se desarrolla en novelas tales como Cañas al viento, La madre, El secreto del hombre solitario; hay algunos cuentos como los que se reúnen en Doce cuentos de Cerdeña. Dado que no hay muchas traducciones disponibles y que, por otra parte, se dificulta encontrar textos breves significativos, dejo en esta ocasión algunas de sus frases:

Según una antigua leyenda de Cerdeña, los cuerpos de los que han nacido en la víspera de la Navidad nunca se disolverán en polvo, pero se conserva hasta el final de los tiempos.

“La vida pasa y nosotros la dejamos pasar como el agua del río, y solo cuando falta nos damos cuenta que no está.” (La vita passa e noi la lasciamo passare come l’acqua del fiume, e solo quando manca ci accorgiamo che manca.)



1927.  Henri Bergson

Es curioso encontrarse con este escritor francés en la nómina de los Nobel de Literatura puesto que ha sido más conocido como filósofo y ha trascendido en estudios literarios y de ciencias de la comunicación por el estudio que realiza acerca de lo que puede causarnos gracia aun cuando la situación no lo prevé (La risa). La obra que más se menciona en los portales en los que se habla de su obra y su vinculación con el Nobel es Memoria y vida y los argumentos en relación con su premio «en reconocimiento a sus ideas ricas y vitalizantes y la habilidad brillante con la que se han presentado».

Recogemos aquí unas pocas frases, algunas de las cuales corresponden al primer libro mencionado:

  • No hay mayor enemigo de la risa que la emoción. » …
  • La inteligencia se caracteriza por una incomprensión natural de la vida. » …
  • Ha de aceptar la ley fundamental de la vida, la de no repetirse nunca. » …
  • Nuestra risa es siempre la risa de otros. » …
  • La contemplación es un lujo, mientras que la acción es una necesidad. «



1928. Sigrid Undset

Nacida en Dinamarca y fallecida en Noruega esta escritora también ha desarrollado su literatura en el marco de la novelística. Habrá que esperar para reencontrarse con otros géneros literarios. En su caso, algunos hablan de novela histórica (lógicamente no como se la concibe en la actualidad) y otros mencionan su vinculación con lo religioso cristiano (se había convertido: por nacimiento era agnostica). Detallar demasiado acerca de la vida de estos escritores haría muy extensas estas páginas; cabe destacar, sin embargo, un breve dato: dedicó parte de su accionar diario a la lucha contra el nazismo. Algunas obras: La zarza ardiente, Cuatro mujeres, La orquídea blanca. Kristin Lavransdatter es una de sus obras más mencionadas.

En cuanto a lo que arguyeron para elegirla como Nobel: «principalmente por sus poderosas descripciones de la vida en el Norte durante la Edad Media»

Nuevamente recurriremos a algunas de sus frases. Si llegáramos a encontrar un texto narrativo volveremos a traerlo por aquí:

  • «En realidad he hecho muchas cosas que en otro tiempo creí que no me atrevería a hacer por temor al pecado. Pero no me daba cuenta de que el pecado viene después, cuando alguien debe pisotear a otra persona.» 
  • «¿Es que no recordáis que no es fácil guardarse del pecado al que arrastra el amor?» 
  • «¿No crees que, a los ojos de dios, somos todos como niños por los que debe velar, impotentes como somos, a causa del pecado? Y, en cambio, no podemos considerarnos como los que han tenido la peor parte aquí abajo.» 
  • «Tampoco fue exclusivo del Cristianismo el que la mujer, doncella o viuda, abandonase la vida familiar para buscar experiencias espirituales. […] Uno de las razones es que, por muchos y diversos motivos, que en parte tenían muy poco que ver con la religión, los conventos de monjas de las grandes Órdenes religiosas se convirtieron en lugares de refugio para la superabundancia de mujeres cuyas familias muy fácilmente podían darles estado metiéndolas allí.»




1929. Thomas Mann

La montaña mágica aparece destacada como una de sus obras más representativas. Algunos podrían recordar también Muerte en Venecia; sin embargo el dictamen del premio señaló lo siguiente: «principalmente por su grandiosa novela, Los Buddenbrook, la cual ha ganado un reconocimiento continuamente creciente como una de las obras clásicas de la literatura contemporánea».

Se trata de un escritor alemán que también es reconocido como estadounidense. En relación con la etapa que le tocó vivir se señala en varias fuentes la mirada crítica hacia la Alemania de su época (nacido a fines del siglo XIX vivió hasta concluida la II Guerra Mundial).

  • «La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz».
  • «La vejez es la peor de todas las corrupciones».
  • «La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es  la maldad».
  • «Pensad como hombres de acción, actuad como hombres pensantes».

Cuentos de Thomas Mann en Ciudad Seva Elegí nuevamente las citas para no hacer más extenso el artículo; también por ello les dejo este enlace en el que hay varios cuentos del autor (e inclusive tienen la posibilidad de ver el texto de la novela corta Muerte en Venecia)





1930. Sinclair Lewis

Este autor escribió poemas, cuertos cortos pero también novelas y se dedicó al periodismo (por el que también recibió premios). En su novelística se destaca la ironía (que por cierto no nos ha abandonado desde antiguos tiempos y culturas) en relación con la sociedad burguesa estadounidense en la que vivió inmerso. El rastro del halcón, Babbit, Calle Mayor, Sangre de rey, Los padres pródigos son nombres de algunas de sus novelas conocidas y traducidas.

Por supuesto, algo que ya viene sucediendo desde unos años atrás se acentúa en el caso de este escritor en particular: el rodaje en película de varias de sus obras (una de ellas, por ejemplo, llega a Argentina con el título de Médico y amante).

Por último, un dato curioso que cito directamente de un artículo de Wikipedia: «En 1935 publicó la novela It Can’t Happen Here («Eso no puede pasar aquí») en que refleja como un dictador fascista llega al poder democráticamente en los Estados Unidos. Algunos afirman que anticipó la llegada de Donald Trump al poder.» fuente: Wikipedia.