2001-2010

2001. V. S. Naipaul

Nacido en Trinidad y Tobago (América del Sur) pero de nacionalidad británica y con ascendencia india: un especial mestizaje por otra parte muy frecuente en el ADN de escritores del mundo cultural del siglo XX y del XXI, reconocidos por su literatura independientemente de haber o no recibido el Nobel. Se destaca de él que, sobre todo en vinculación con sus viajes por diversas partes del mundo, ácidamente planteó la desigualdad presente en la sociedad poscolonial. En un artículo de laBBC apareció la opinión que Naipaul desplegó acerca de la República Argentina, que conocía por diversos viajes y su relación con una argentina: se ejemplifica allí lo polémico que resultaba en sus análisis y observaciones, no sólo en relación con este país.

Varias de sus obras hablan acerca del territorio de sus raíces: India así como de otras civilizaciones (incluyendo la americana en época de la conquista) y en varios escritos se dedica a tratar el tema del escritor y la literatura: India, una civilización herida; Un camino en el mundo; La pérdida de El Dorado; El escritor y el mundo; El escritor y los suyos; El enigma de la llegada.

El curandero místico es la obra señalada al momento de otorgársele el premio Nobel «por haber unido la perceptiva narrativa y el control incorruptible en obras que nos obligan a ver la presencia de historias suprimidas» (frase que poco profundiza en el conjunto del universo literario del escritor).

Pero cuando acudía a los libros en sí, me era difícil ir más allá de lo que me habían leído. Lo que ya conocía era mágico; lo que trataba de leer yo solo era muy lejano. El lenguaje era demasiado difícil; me perdía en los detalles sociales o históricos. En el cuento de Conrad el clima y la vegetación eran como lo que me rodeaba, pero los malayos parecían extravagantes, irreales, y no podía ubicarlos. Cuando se trataba de los escritores modernos, su acento sobre su propia personalidad me excluía: no podía fingir que era Maugham en Londres o Huxley o Ackerley en la India.
Deseaba ser un escritor. Pero junto con el deseo había llegado el conocimiento de que la literatura que me había provocado ese deseo venía de otro mundo, muy lejos del nuestro.

…Ramlila había dado realidad, y mucha emoción, a lo que conocía del Ramayana.
El Ramayana era el cuento hindú esencial. Era la más accesible de nuestras dos épicas, y vivía entre nosotros como viven las épicas. Tenía una narración fuerte, ágil, rica y, aun con la maquinaria divina, el asunto era muy humano. Los personajes y sus motivaciones siempre podían discutirse; la épica era como una educación moral para nosotros. Todos los que me rodeaban conocían la historia por lo menos en resumen; alguna gente incluso se sabía algunos de los versos. A mí no tuvieron que enseñármela: era como si siempre hubiese conocido la historia del injusto destierro al bosque peligroso.

Sin embargo, algunas cosas innegables se habían añadido a mi antología durante mi época en la escuela secundaria. Los más cercanos a mí eran los relatos de mi padre acerca de la vida de nuestra comunidad. Me encantaban como escritura, así como por el trabajo que se necesitaba para hacerlos. También me anclaban en el mundo; sin ellos no habría sabido nada de nuestros ancestros. Y, mediante el entusiasmo de un maestro, hubo tres experiencias literarias en el último año de preparatoria: Tartufo que era como un cuento de hadas que daba miedo, Cyrano de Bergerac, que evocaba la emoción más profunda, y Lazarillo de Tormes, la picaresca española de mediados del siglo XVI, primera de su tipo, animada e irónica, que me introdujo en un mundo como el que yo conocía.

Los segmentos anteriores son parte de “Leer y escribir” (recogidos de la revista Fractal, donde puede continuarse la lectura del artículo). Más allá de la dificultad para encontrar los cuentos del escritor, el interés por estos fragmentos está vinculado con el proceso que muchas veces señalan algunos alumnos que devienen escritores.



2002. Imre Kertész

Narrador, periodista, traductor húngaro de origen judío que pasó por los campos de concentración de Auschwitz y  Buchenwald. Kaddish por el hijo no nacido, Diario de la galera, La lengua exiliada; Un instante de silencio en el paredón: el Holocausto como cultura son algunas de las obras. Tratándose Sin destino de una novela en la que un adolescente transita por los campos de concentración nuevamente nos encontramos con una frase que la valora casi con el cuidado y la asepsia de cuando debe realizarse una cirugía: «por una redacción que confirma la experiencia frágil del individuo contra la arbitrariedad bárbara de la Historia». Ya varios años separan la Segunda Guerra Mundial de este comienzo del siglo XXI y, pese a que ciertos debates siguen presentes, uno creería que ya hay expresiones y juicios con peso propio como para dar cuenta de esa “arbitrariedad bárbara”.

Es un hecho demostrado que nuestra imaginación permanece libre incluso en condiciones de privación de libertad.

No me molestaban ni el frío ni la humedad, ni el viento ni la lluvia: simplemente no me llegaban, ni siquiera los sentía.

-¿Contar qué? -El infierno de los campos, me respondió. Yo le indiqué que sobre eso no podría contarle nada pues no conocía el infierno ni podía imaginarlo

Nunca me habría imaginado que podría envejecer tan pronto. Si en una situación normal hacen falta cincuenta o sesenta años para envejecer, en el campo bastaron tres meses para que mi cuerpo me abandonara.

Incluso allá, al lado de las chimeneas había habido, entre las torturas, en los intervalos de las torturas algo que se parecía a la felicidad. Todos me preguntaban por las calamidades, por los “horrores”, cuando para mí ésa había sido la experiencia que más recordaba. Claro, de eso, de la felicidad en los campos de concentración debería hablarles la próxima vez que me pregunten. Si me preguntan. Y sí. Todavía me acuerdo. Y si todavía me acuerdo.

A falta de un texto completo que pueda transcribir aquí, lo anterior son algunas frases extraídas de la obra premiada. Me hubiera agradado presentar un fragmento quizás más representativo y unificado pero tendré ocasión de volver a este espacio o de plantearlo en alguna entrada.



2003. J. M. Coetzee

Bien, parece este el siglo de las transmutaciones o de los mestizajes. Coetzee es sudafricano, razón por la cual conoce el idioma del continente pero también el inglés como lengua de educación, pero además ha elegido ser ciudadano naturalizado australiano.

Cuando se indaga en las razones por las cuales obtuvo el premio con Desgracia aparecen dos frases que no parecen congruentes entre sí (deberé buscar el dictamen en el original para estar más segura): a «quien en innumerables disfraces retrata la sorprendente implicación del forastero»y por “la brillantez a la hora de analizar la sociedad sudafricana». La primera, demasiado metafórica para esta ocasión, no informa acerca de la esencia encontrada en la obra; la segunda, no declara en qué consiste esa “brillantez” ni qué devela de la sociedad sudafricana. Deberé continuar mis búsquedas y lecturas.

Otras obras: Esperando a los bárbaros, La edad de hierro, Contra la censura: ensayos sobre la pasión por silenciar.

En estas décadas en las que estamos ingresando pareciera ser más frecuente encontrarse con obras extensas y, cuando hay posibilidades de hallar poesías o cuentos, la disponibilidad de los textos o las traducciones es todavía escasa. Esta es la razón por la cual deberé contentarme (por ahora) con algunas frases:

El hombre: la única criatura que tiene una parte de su existencia en lo desconocido, en el futuro, como una sombra proyectada delante de sí. Que todo el tiempo intenta atrapar esa sombra escurridiza, habitar en la imagen de su esperanza.

La muerte puede ser el último gran enemigo de la escritura, pero escribir también es el enemigo de la muerte.

Abrazamos a nuestros hijos para ser rodeados por los brazos del futuro, para llevarnos a nosotros mismos más allá de la muerte, para ser transportados.

Las cicatrices son sitios por donde el alma ha intentado marcharse y ha sido obligada a volver, ha sido encerrada, cosida dentro.



2004. Elfriede Jelinek

Novelista, poeta, dramaturga, ensayista, guionista austríaca. Además se reconoce su participación como activista feminista. La obra premiada, La profesora de piano, ha sido llevada al cine y el fallo del Nobel señala que se le adjudica el galardón a la autora «por su flujo musical de voces y contra-voces en novelas y obras teatrales que, con extraordinario celo lingüístico, revelan lo absurdo de los clichés de la sociedad y su poder subyugante». En esta ocasión, pese a ciertas imágenes poco concretas para quienes no abordaron la lectura de los escritos de Jelinek, aparecen al menos indicios un poco más específicos en relación con la valoración de su literatura.

Otras obras: Las amantes, Los excluidos, Deseo, Obsesión, La muerte y la doncella.

rimbaud

tú duermes
en la hendidura
de valles
rígido
rimbaud
rígido
tus peces
al otro lado cruzan
y
se hacen hierba
entre
los labios
silban
tú 
duermes
rimbaud
más rígido
se hunden dos
de tus soles
como
sotanas monacales
cerca del
estanque
rígido 
rimbaud
más rígido
hendido
en valles
de la codorniz
durmiente
en el más duermiente
seto
rígido
O azul
rimbaud

Sobre la influencia de la música 

“Mis estudios de música y composición me llevaron a cierto proceso musical del lenguaje en el que, por ejemplo, el sonido de las palabras con las que juego debe exponer su verdadero significado, en contra de su voluntar, para pronunciarse”.  Fuente: Eterna Cadencia



2005. Harold Pinter

Dramaturgo, poeta, guionista, actor, director y activista político inglés descendiente de familia obrera de raíces judías. Se premió en su obra Tierra de nadie «quien en sus obras desvela el precipicio bajo la charla cotidiana y obliga a la entrada en las salas cerradas de la opresión».

Obras: Traición, La habitación, El amante, El montaplatos, La fiesta de cumpleaños, El regreso a casa. La siguiente frase corresponde a Tierra de nadie según la cita la revista Teatros en un artículo que analiza las características de esta obra:

“TRATEMOS A LOS MUERTOS con la misma ternura con la que querríamos ser tratados, ahora mismo, en lo que describiríamos como nuestra vida”. 

Revista Teatros

Sumo aquí un fragmento de la reseña de una puesta en escena de la obra en España:

Esta obra maestra de Harold Pinter transcurre en un territorio movedizo roturado por las huellas de tres colosos. Nos encontramos con la vastedad angustiosa y el humor en sordina de Samuel Beckett, la lógica elástica y rigurosa del lenguaje patentada por el reverendo Lewis Carroll y la presencia como numen tutelar de T. S. Eliot, cuya hondura poética sobrevuela este texto prodigioso. «Tierra de nadie» (1975) es una reflexión sobre el lenguaje y su poder de articulación de lo personal y lo plural, una historia de reencuentros y lucha por el territorio de la memoria, y un pulso de vacilaciones y viajes del eterno presente incierto al pasado acomodable, abordado desde perspectivas diversas.

ABC Cultura

El siguiente poema aparece en un artículo dePágina 12-RADAR en referencia a los últimos poemas del escritor:

La muerte puede estar envejeciendo

La muerte puede estar envejeciendo
Pero todavía tiene palanca

Pero la muerte te desarma
Con su límpida luz

Y es tan astuta
Que nunca te enterás

Dónde te espera
Para seducir tu voluntad
Y dejarte desnudo
Cuando te arreglás para salir

Pero la muerte te permite
Acomodar tus horarios

Mientras chupa la miel
De tus flores favoritas



2006. Orhan Pamuk

Escritor (principalmente narrador) y periodista turco. Según la Academia sueca su novela Estambul le asegura un puesto entre los galardonados a «quien, en la búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal, ha descubierto nuevos símbolos para el choque y el entrelazamiento de culturas». Haría falta agregar dos cuestiones: “nadie es profeta en su tierra” (en su país no consideran esta novela como la mejor del novelista); la fama a veces suele ser peligrosa: si bien Pamuk menciona en sus entrevistas que no teme ser encarcelado porque es popular sí ha señalado que en su país no resulta conveniente ni oportuno decir todo lo que se piensa.

Otras obras: La maleta de mi padre, La casa del silencio, La vida nueva, El castillo blanco, Me llamo Rojo.

De este escritor recuerdo haber leído artículos periodísticos interesantes en relación con la situación del exilio, conceptos que en algunas ocasiones me recordaron las experiencias atravesadas por Salman Rushdie luego de la edición de Los versos satánicos. Por otra parte, además de cierta filiación de su raíz literaria en escritores como Dostoievski, este autor se ha interiorizado de la literatura latinoamericana (García Márquez, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Jorge Luis Borges) y sostiene un diálogo con parte de ella (a través de sus autores o de las obras).

La literatura latinoamericana en general, a partir de finales de los años 60 y 70, fue más creativa, más inventiva que la escritura europea y estadounidense. Eso me ayudó a liberarme del dominio de las formas clásicas europeas.

Debido a los escritores latinoamericanos, pensé: “¡Miren en América Latina a todos estos escritores surrealistas experimentales! También quiero hacer acrobacias de ficción, incluso si escribo en turco”. Los escritores latinoamericanos realmente me dieron ese coraje.  Fuente: BBC: entrevista junio 2020

En Narrativa breve pueden encontrar un relato, “Las islas”A mí en este caso me ha interesado tomar de esa fuente esta especie de declaración de arte poética:

¡Escribo porque quiero hacerlo, con toda el alma! Escribo porque a diferencia de otros, no me siento a gusto con un trabajo común y corriente. Escribo para que libros como los míos sean escritos y para poderlos leer. Escribo porque estoy molesto con ustedes, con todo el mundo. Escribo porque me complace enormemente sentarme en un cuarto a escribir sin descanso. Escribo porque solamente modificando la realidad puedo soportarla. Escribo para que el mundo entero sepa cómo yo, cómo nosotros en Estambul y en Turquía hemos vivido y vivimos. Escribo porque amo el olor del papel, de la pluma y de la tinta. Escribo porque creo más en la literatura, en el arte de la novela, que en cualquier otra cosa. Escribo porque es un hábito, una pasión. Escribo porque tengo miedo de ser olvidado. Escribo porque me gusta la celebridad y toda la notoriedad que el escribir conlleva. Escribo para estar solo. Escribo en la esperanza de entender por qué estoy furioso con ustedes, con todos. Escribo porque me gusta ser leído. Escribo para terminar de una vez por todas estas novelas, este texto, esta página que en algún momento comencé a escribir. Escribo porque todos esperan que escriba. Escribo porque tengo una fe infantil en la inmortalidad de las bibliotecas y en el lugar que mis libros tendrán en los estantes. Escribo porque la vida, el mundo, todo es increíblemente bello y maravilloso. Escribo porque gozo traduciendo en palabras toda la belleza y la opulencia de la vida. Escribo, no para contar historias sino para construir historias. Escribo para liberarme del sentimiento de que siempre existe un lugar al que -como en una pesadilla- jamás podré llegar. Escribo porque nunca he conseguido ser feliz. Escribo para ser feliz.



2007. Doris Lessing

Escritora inglesa nacida en Irán. Ha sido considerada como visionaria por el abordaje de algunos temas que cobran vigencia en la actualidad; se le reconoce su enfrentamiento al Apartheid así como lo que para algunos es un tibio acercamiento al feminismo, por ejemplo en El cuaderno dorado, obra que la Academia destaca al premiar a «esa narradora épica de la experiencia femenina que, con escepticismo, ardor y poder visionario, ha sometido a escrutinio a una civilización dividida ». En principio, habría que señalar que cincuenta años después de la aparición de este texto la visión feminista ha adquirido otras vetas y características que en él no se contemplan (véase una reseña de 2018 en Letras Libres).

Otras obras: Memorias de una superviviente, Diario de una buena vecina, La grieta, Instrucciones para un descenso al infierno, El sueño más dulce, Cuentos africanos.

Se puede leer el cuento “La costumbre de amar” en Esto es puro cuento

A continuación transcribo uno de sus poemas:

 Fábula

Cuando miro hacia atrás me parece recordar el canto.
Aunque siempre estaba en silencio aquel salón largo y tibio.

Impenetrables, creímos, esos muros,
oscurecidos de escudos antiguos. La luz
brillaba sobre la cabeza de una chica o sobre sus piernas
jóvenes despatarradas. Y las voces bajas
subían en el silencio a perderse como en el agua.

Además, estando todo tibio y quieto como una mano,
si uno de nosotros corría las cortinas
una lluvia bordada soplaba afuera con descuido.
A veces se colaba un viento que hacía bambolear las llamas,
proyectando sombras agazapadas en las paredes,
o afuera aullaba un lobo en la noche vasta
y al sentir que se nos helaba la carne, nos juntábamos.

Pero la danza seguía por un rato
—así me parece ahora:
formas lentas que se movían serenas a través
de charcos de luz tejiendo una red dorada sobre el piso.
Así debe haber seguido, para siempre, como un sueño.

Pero entre un año y otro —¿cambió el viento?
¿La lluvia al final pudrió las paredes?
¿Vinieron los hocicos de los lobos a empujar los rayos caídos?

Hace tanto.
Sin embargo a veces me acuerdo del salón cortinado
y escucho las voces lejanas y jóvenes que cantan.



2008. Jean-Marie Gustave Le Clézio

Novelista y ensayista francés. Según la Academia sueca a través de La cuarentena se muestra como «escritor de nuevas desviaciones, aventuras poéticas y éxtasis sensual, explorador de una humanidad más allá y por debajo de la civilización reinante». Nuevamente poco dice esta frase a quien no haya leído alguna de sus obras; personalmente, recuerdo mi experiencia al abordar El africano: tengo la impresión de que esa exploración que se menciona es posible por una profunda indagación en las raíces personales y familiares que posibilitan una empatía con otros seres humanos a los que se reconoce como pasibles de experimentar similares vivencias, sentimientos, actitudes. Mientras busco el ejemplar para extraer algo de lo que tengo marcado, me cruzo con un libro de Saramago; ya traeré por aquí algo de lo que había apropiado de esa lectura en donde retrata parte de su infancia en Nigeria.

Otras obras: Desierto, El buscador de oro, La música del hambre, El sueño mexicano o el pensamiento interrumpido, Diego y Frida.

De La cuarentena rescato un fragmento no por el hecho de que sea la obra premiada; tal vez se deba a la situación que nos involucra a todos por estos días.

El guardacostas se ha detenido delante de la bahía, frente al dique en construcción. El oleaje levantaba la roda y hacía bornear la chalupa, en el extremo del cabo. A ratos el viento traía el ruido de las máquinas y las espirales de humo negro. En cubierta, se agitaban unas siluetas, los oficiales de sanidad, y también los marineros de las islas Comoras. Luego la chalupa se ha separado del guardacostas, y los marineros han lanzado un cabo en dirección a la orilla(…)

Se ha iniciado el desembarco de los víveres, con una especie de torpe premura. Los marineros arrojaban las cajas al agua, sin atarlas siquiera al cabo, y algunas, lanzadas por el oleaje contra las losas de basalto, se han hecho pedazos.
Los muchachos, completamente desnudos, metidos en el agua hasta la cintura, recuperaban las cajas y las barricas y las empujaban hacia la orilla. Las olas batían la playa lentas, poderosas, la espuma deslumbraba en contraste con las rocas negras, y el azul del mar hería los ojos. La escena tenía un no sé qué desesperado, dramático, con toda aquella gente apretujada en la playa, al sol, y la silueta oscura del guardacostas, mar adentro. Una vez reunidos todos los víveres en la orilla y colocados bajo el cobertizo de hojas, la chalupa ha empezado a retirarse hacia alta mar. La gen’ te de la isla ha comprendido que todo se había acabado. La mayoría ha emprendido el camino de regreso al pueblo o a las plantaciones, pero algunos hombres se han quedado cerca del dique y han empezado a tirar piedras al mar mientras proferían amenazas inútiles. “



2009. Herta Müller

Novelista, poetisa, ensayista rumano-alemana con ascendientes suabos. Según alguños críticos y reseñadores en su obra se plasman las condiciones de vida en Rumania durante la dictadura de Ceaușescu. Quizás sea este aspecto el que la Academia esté aludiendo cuando premia por En tierras bajas «quien, con la concentración de la poesía y la franqueza de la prosa, describe el paisaje de los desposeídos».

Otras obras: El hombre es un gran faisán, Hambre y seda, La bestia del corazón, La piel del zorro.

Los poemas de esta autora se caracterizan por ser poemas-collages, razón por la cual recojo un par de ellos desde Los días terrestres

La ciudad del puerto tiene la barriga de agua espumosa
el cielo de carne de sandía el camino rural
para el apartadero una garita de señales y ninguna vía paralela
una boca llena de viento una joroba maíz
apretado muy espetado verde
le pregunté por qué precisamente tú
tienes que marcharte con esas gaviotas de tiza y le miré
de lado mientras hacía las maletas

 

Entonces vino un hombre con un diente
de oro me preguntó qué es un
paralelogramo entonces dije yo pues no
lo sé entonces dijo no importa madame
conozco a dos que lo llevan como baratija
consigo pero también como plantilla del calzado en
días especialmente fríos entonces dije yo si
así lo dice conozco también a uno
personalmente
al otro
de oídas
eso me alcanza ya
bien ordenadamente
para este malestar



2010. Mario Vargas Llosa

Novelista, cuentista, ensayista y dramaturgo peruano; adquirió también la ciudadanía española. En este año se le otorga el Nobel considerando su novela La ciudad y los perros «por su cartografía de las estructuras de poder y sus imágenes mordaces de la resistencia del individuo, la rebelión y la derrota».

Mencioné dramaturgo y pocos son los que conocen esta veta del escritor, que por otra parte también es político en su país. Más allá de algunas obras que se pueden mencionar para tener un panorama de su universo literario, personalmente debo decir que prefiero al narrador de Pantaleón y las visitadoras o al dramaturgo de El loco de los balcones; en un caso por la irreverencia con respecto a una institución de poder retratada en sus aspectos de la corrupción pero también de lo absurdo y ridículo (que termina vulnerando de algún modo el poder) y en el otro por la serie de transgresiones estéticas que en la obra de teatro se permite como no pareciera hacerlo en la narrativa, junto con el hecho de que El loco de los balcones representa de modo diferente la situación de la América mestiza actual.

Otras obras: La señorita de Tacna, La casa verde, El sueño del celta, La orgía perpetua, La huida del inca, Kathie y el hipopótamo, Los cuentos de la peste.

Podría colocar aquí “Día domingo” o alguno de los cuentos de Vargas Llosa. Me interesa, sin embargo, un artículo que ahora no encuentro (ya volveré con él) en el que habla acerca del exilio y la posibilidad/imposibilidad de que alguien que reside fuera de su país represente auténticamente al mismo. Entretanto, dejo aquí un fragmento de otra de sus obras:

Consejos a un joven novelista

  • Sólo quien entra en literatura como se entra en religión, dispuesto a dedicar a esa vocación su tiempo, su energía, su esfuerzo, está en condiciones de llegar a ser verdaderamente un escritor y escribir una obra que lo trascienda.
  • No hay novelistas precoces. Todos los grandes, los admirables novelistas, fueron, al principio, escribidores aprendices cuyo talento se fue gestando a base de constancia y convicción.
  • La literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio.
  • En toda ficción, aun en la de la imaginación más libérrima, es posible rastrear un punto de partida, una semilla íntima, visceralmente ligado a una suma de vivencias de quien la fraguó. Me atrevo a sostener que no hay excepciones a esta regla y que, por lo tanto, la invención químicamente pura no existe en el dominio literario.
  • La ficción es, por definición, una impostura -una realidad que no es y sin embargo finge serlo- y toda novela es una mentira que se hace pasar por verdad, una creación cuyo poder de persuasión depende exclusivamente del empleo eficaz de unas técnicas de ilusionismo y prestidigitación semejantes a las de los magos de los circos o teatros.
  • En esto consiste la autenticidad o sinceridad del novelista: en aceptar sus propios demonios y en servirlos a la medida de sus fuerzas.
  • El novelista que no escribe sobre aquello que en su fuero recóndito lo estimula y exige, y fríamente escoge asuntos o temas de una manera racional, porque piensa que de este modo alcanzará mejor el éxito, es inauténtico y lo más probable es que, por ello, sea también un mal novelista (aunque alcance el éxito: las listas de bestsellers están llenas de muy malos novelistas).
  • La mala novela que carece de poder de persuasión, o lo tiene muy débil, no nos convence de la verdad de la mentira que nos cuenta.
  • La historia que cuenta una novela puede ser incoherente, pero el lenguaje que la plasma debe ser coherente para que aquella incoherencia finja exitosamente ser genuina y vivir.
  • La sinceridad o insinceridad no es, en literatura, un asunto ético sino estético.
  • La literatura es puro artificio, pero la gran literatura consigue disimularlo y la mediocre lo delata.
  • Para contar por escrito una historia, todo novelista inventa a un narrador, su representante o plenipotenciario en la ficción, él mismo una ficción, pues, como los otros personajes a los que va a contar, está hecho de palabras y sólo vive por y para esa novela.
  • El de las novelas es un tiempo construido a partir del tiempo psicológico, no del cronológico, un tiempo subjetivo al que la artesanía del novelista da apariencia de objetividad, consiguiendo de este modo que su novela tome distancia y diferencie del mundo real.
  • Lo importante es saber que en toda novela hay un punto de vista espacial, otro temporal y otro de nivel de realidad, y que, aunque muchas veces no sea muy notorio, los tres son esencialmente autónomos, diferentes uno de otro, y que de la manera como ellos se armonizan y combinan resulta aquella coherencia interna que es el poder de persuasión de una novela.
  • Si un novelista, a la hora de contar una historia, no se impone ciertos límites (es decir, si no se resigna a esconder ciertos datos), la historia que cuenta no tendría principio ni fin.