2016-BOB DYLAN: el Nobel de la polémica

Sin dudas, fuera de los casos en los que hubo disidencias ideológicas, políticas, situaciones de escándalos (como en 2018) o cuestionamientos en relación con  algún premiado incluido en el jurado del galardón, esta decisión de otorgar el Premio Nobel de Literatura a un escritor de canciones ha sido una de las polémicas más resonantes en estos últimos años. Luego de mi comentario, transcribo completo el discurso con los posibles errores de traducción/redacción que surgen de la fuente utilizada.

La música y la poesía nacieron de la mano. Es más: la primera manifestación de la literatura ha surgido desde la poesía cantada y esto no está solamente en mis palabras sino en todos los estudios que indagan en Homero y otros tantos bardos, vates, poetas que dieron origen a las primeras literaturas de las que damos constante testimonio.

Por otra parte, también es cierto que en la actualidad el tránsito de canciones y poesías, por ejemplo, de un ámbito al otro (música/literatura-literatura/música) es muy frecuente y los mismos estudios literarios nos llevan a encontrar cara y cruz de una moneda que a veces podría caer de canto (si bien en este caso hablamos de poesía y música por lo que está en juego en esta ocasión, el ida y vuelta entre con otras artes -cine, teatro, ópera- también hay mucho que plantear).

Hasta aquí no sería tan extravagante la decisión tomada por la Academia con respecto a la premiación. Lo que me permito compartir con ustedes (con la esperanza también de recibir sus opiniones) son ciertos “ruidos” no tan poéticos ni musicales en las palabras, notoriamente sinceras por otra parte, en el discurso de Bob Dylan:

  • cuando se refiere a exponentes literarios vinculados con sus lecturas la lista se encapsula en escritores de habla inglesa;
  • en el momento en que realiza un paralelo, nada más y nada menos que con William Shakespeare, su visión de lo que abarca la literatura se escinde de la dramaturgia y en función de ello considera que Shakespeare quizás se hubiera encontrado, como él, en la disyuntiva acerca de si su teatro era literatura; lejos de afirmar  su posición en el podio del premio, este paralelismo así planteado pareciera un argumento más para no considerar sus canciones como parte de la literatura;
  • el planteo anterior, por otro lado, aparece desarrollado como si las elecciones al momento de crear estuviesen supeditadas a cuestiones de mercado, de puesta en escena, de show;
  • si bien la tensión literatura clásica o de culto/best-seller es una discusión todavía vigente (pese a la certeza bastante recurrente de que a veces algunos clásicos han surgido como best-sellers), observo en las palabras de Dylan un cierto desconocimiento de lo que un Nobel presuntamente valora: al señalar que es más sencillo interpretar “para 50.000 personas que para 50” y remarcar que no puede dejar de lado que el Comité sea pequeño en número cuando menos está colocando en tela de juicio el hecho de que ese conjunto de personas esté representando a una comunidad cultural universal;
  • si bien en el largo camino desde 1901 la representatividad del ser humano depositada en cada uno de los escritores premiados con el Nobel ha sido discutida en variadas oportunidades,  también es cierto que con la imperfección humana de quienes forman el jurado está en foco el interés por encontrar la esencia más íntima y universal del ser humano.

No podría decir si Bob Dylan es o no merecedor del Premio Nobel; tampoco es mi intención plantearlo. Me interesa mucho la música, disfruto escucharla y también ejecutarla (debo volver a tocar el piano); por otra parte, en mis clases de la escuela secundaria insisto en muchas oportunidades para que mis alumnos transiten ida y vuelta música y poesía como un mejor método para apreciar el tronco “poético” que las vincula. Si señalo esto es para que se entienda que no me perturba que el mundo de la música intervenga en el Nobel de Literatura; lo que ocurre es que no encuentro en las palabras del compositor rastros que me muestren algo de la visión “poética”, “estética” que él pueda tener acerca de su propia arte (sólo eso bastaría para insertarlo en el universo del arte como expresión del ser humano). Quizás sólo me quede buscar en sus canciones el leit motiv que debió haber rondado su discurso.



«Buenas noches a todos.

Mi saludo más cordial a los miembros de la Academia sueca y a todos los distinguidos invitados presentes esta noche. Lo siento, no puedo estar con ustedes en persona, pero por favor, sé que estoy definitivamente con vosotros en espíritu y honrado de recibir un premio tan prestigioso. Ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura es algo que nunca podría haber imaginado o visto venir. Desde temprana edad, he estado familiarizado con la lectura y la absorción de los trabajos de aquellos que se consideraron dignos de tal distinción: Kipling, Shaw, Thomas Mann, Perla Buck, Albert Camus, Hemingway. Estos gigantes de la literatura cuyas obras se enseñan en las aulas, alojadas en bibliotecas de todo el mundo y hablados en tonos reverentes siempre han causado una profunda impresión. Que ahora me uno a los nombres en una lista como esta es realmente más allá de las palabras.

No sé si estos hombres y mujeres alguna vez pensaron en el honor del Nobel por sí mismos, pero supongo que cualquiera que esté escribiendo un libro, un poema o una obra de teatro en cualquier parte del mundo podría albergar ese sueño secreto en su interior. Probablemente está enterrado tan profundo que ni siquiera saben que está allí.

Si alguien me hubiera dicho que tenía la menor posibilidad de ganar el Premio Nobel, pensaría que tendría las mismas probabilidades que de estar en la luna. De hecho, durante el año en que nací y durante unos años después, no hubo nadie en el mundo que se considerase lo suficientemente bueno para ganar este Premio Nobel. Por lo tanto, reconozco que estoy en compañía muy rara, por lo menos.

Estaba en carretera cuando recibí esta sorprendente noticia, y me tomó más de unos minutos procesarla correctamente. Comencé a pensar en William Shakespeare, la gran figura literaria. Creo que se consideraba un dramaturgo. El pensamiento de que estaba escribiendo literatura no podría haber entrado en su cabeza. Sus palabras fueron escritas para el escenario, con la intención de ser habladas, no leídas. Cuando escribía «Hamlet», estoy seguro de que estaba pensando en muchas cosas diferentes: «¿Quiénes son los actores adecuados para estos papeles?» -¿Cómo debería hacerse esto? «¿Realmente quiero establecer esto en Dinamarca?» Su visión y sus ambiciones creativas estaban sin duda en la vanguardia, pero también había asuntos más mundanos que considerar y tratar. «¿Cómo será la financiación?» «¿Hay suficientes asientos para el público?» «¿Dónde voy a conseguir un cráneo humano?» Apuesto a que lo más lejano de la mente de Shakespeare era la pregunta: «¿Es esto literatura?»

Cuando empecé a escribir canciones de adolescente, e incluso cuando comencé a lograr algo de renombre por mis habilidades, mis aspiraciones para estas canciones nunca fueron tan lejos. Pensé que podían ser escuchadas en cafés o bares, tal vez más tarde en lugares como Carnegie Hall o el London Palladium. Si realmente me pusiese a soñar mucho, tal vez podría imaginar llegar a hacer un disco y luego escuchar mis canciones en la radio. Ese era realmente el gran premio en mi mente. Hacer discos y oír sus canciones en la radio significaba que estaba llegando a una gran audiencia y que podría seguir haciendo lo que había planeado hacer.

Bueno, he estado haciendo lo que me propuse hacer durante mucho tiempo. He hecho decenas de discos y ha tocado miles de conciertos por todo el mundo. Pero son mis canciones las que están en el centro vital de casi todo lo que hago. Parecían haber encontrado un lugar en la vida de muchas personas a través de muchas culturas diferentes y estoy agradecido por eso.

Pero hay una cosa que debo decir. Como intérprete he tocado para 50.000 personas y para 50 y puedo decir que es más difícil tocar para 50 personas. 50.000 personas son una sola, no así 50. Cada persona tiene una identidad individual, separada, un mundo en sí mismo. Pueden percibir las cosas con mayor claridad. Juzgan con honestidad y se relacionan profundamente con tu talento se juzga. El hecho de que el comité del Nobel sea tan pequeño no lo puedo obviar.

Pero, como Shakespeare, yo también estoy a menudo ocupado en la búsqueda de mis esfuerzos creativos y tratando con todos los aspectos de los asuntos mundanos de la vida. «¿Quiénes son los mejores músicos para estas canciones?» «¿Estoy grabando en el estudio correcto?» «¿Esta canción está en la clave correcta?» Algunas cosas nunca cambian, incluso en 400 años.

Ni una sola vez he tenido tiempo de preguntarme: «¿Son mis canciones literatura?». Por lo tanto, doy las gracias a la Academia sueca, por tomarse el tiempo para considerar esa misma pregunta y, en última instancia, proporcionar una respuesta tan maravillosa.

Mis mejores deseos para todos».

Fuente:Ersilias

TONI MORRISON: EL LENGUAJE VIVO

Casualidades o causalidades…

Ya había guardado un borrador de esta entrada cuando algunas compañeras de trabajo, en esta etapa de cuarentena, mencionaron algunas palabras o expresiones que en nuestro lenguaje resultan racistas: quilombo, negrear, macumba, gualicho, guarango, trabajo en negro, trabajo de negros, una negrada...

Y ahora que estoy nuevamente frente al discurso de Toni Morrison al recibir el Nobel me encuentro con conceptos que intentaré organizar para que nos conecten con nuestra cultura y con la actualidad.


(Nota: Me he tomado el atrevimiento de resaltar un segmento dentro del discurso porque también las causalidades/casualidades hacen que lo que allí se expresa se sienta en estos días como algo vívido (aunque circunstancias y contexto sean otros)


  • Todo el discurso toma el esquema de la FÁBULA, donde la ANCIANA SABIA Y VIEJA enfrentando el desafío de los JÓVENES con un PÁJARO concluye mostrándonos la construcción colectiva del lenguaje y la realidad y develándonos cómo el lenguaje es objeto de interpretación de acuerdo con presupuestos y un contexto
  • Morrison señala a la ANCIANA SABIA como representación de la ESCRITORA y al PÁJARO como el LENGUAJE. No indica explícitamente el papel de los JÓVENES, quizás por lo que reserva para el final de su discurso, aunque en el comienzo parece reforzar que son ellos los RESPONSABLES de que el LENGUAJE esté vivo o muerto (“está en sus manos”: expresión polisémica)
  • No hace falta que una lengua deje de hablarse para que esté MUERTA; sólo es necesario que permanezca INMÓVIL y esto sucede inexorablemente cuando el lenguaje está condicionado, es opresivo y en consecuencia deviene en VIOLENCIA.
  • Como diferentes ejemplos de esa violencia, la escritora hace alusión al racismo, el machismo, la actitud sexista. Quizás, como forma de abarcar todas las posibilidades, la violencia existe cada vez que el lenguaje se constituye en un elemento de PODER, desde el cual es “organizado” y “normatizado”. En la actualidad tenemos un desafío más en este sentido: hace unos años viene planteándose, trabajándose e insertándose en diferentes ámbitos el LENGUAJE INCLUSIVO (con la intención, entre otras cuestiones, de eliminar las distinciones discriminatorias relacionadas con la IDENTIDAD DE GÉNERO); como docente estoy inserta en un tiempo en el cual este lenguaje me interpela, quizás del modo en que sucede en el final del discurso cuando los JÓVENES le responden a la ANCIANA SABIA Y VIEJA.
  • La imagen de la TORRE DE BABEL es retomada en su discurso para señalar que se trata de una falacia puesto que no fue la multiplicidad de lenguas la que destruyó la torre de Babel (la que en teoría daba acceso al Paraíso) y nada asegura que si esta hubiese llegado a buen término viviríamos TODOS en un Paraíso.
  • Retomo el primero de los puntos: al iniciar el discurso Toni Morrison parece querer centrarse en el personaje de la ANCIANA/ESCRITORA y a lo largo de varios párrafos asistimos a su modo de ver y pensar ese PÁJARO/LENGUAJE. Sin embargo, en un momento la palabra la toman los JÓVENES para reclamarle respuestas, para indicar que su visión no viene a sustituir la experiencia, para señalarle que ambas coexisten y conviven. Recién en el final Toni Morrison muestra todas las cartas en relación con el mensaje que la “fábula” quiere expresar acerca de la palabra viva que nos representa.

 

«Había una vez una mujer anciana. Ciega pero sabia». ¿O era un hombre anciano? Acaso era un gurú. O un griot calmando chicos inquietos. Yo escuché esta historia, o una exactamente como esta, en el saber popular de varias culturas.

«Había una vez una mujer anciana. Ciega. Sabia».
En la versión que conozco la mujer es hija de esclavos, negra, americana y vive sola en una pequeña casa afuera del pueblo. Su reputación respecto de su sabiduría no tiene par y es incuestionable. Entre su gente ella es a la vez la ley y su trasgresión. El honor y el respeto que le tienen va hasta mucho más allá de su pueblo; llega hasta la ciudad donde la inteligencia de los profetas rurales es una fuente asombrosa.

Un día a la mujer la visitan unos jóvenes que vienen con la intención de desaprobar su clarividencia y poner en evidencia el fraude que creen que ella es. Su plan es simple: entran en su casa y le hacen una única pregunta, cuya respuesta manifiesta la diferencia que tienen con ella, una diferencia que ven como una profunda ineptitud: su ceguera. Se le paran enfrente y uno le dice: «Anciana, tengo en mi mano un pájaro. Dígame si está vivo o muerto».

Ella no contesta y repiten la pregunta: «¿Está vivo o muerto el pájaro que tengo?»

Tampoco contesta. Es ciega y no puede ver a sus visitantes, mucho menos lo que tienen en sus manos. No sabe el color de su piel, de dónde vienen ni si son hombres o mujeres. Solo conoce sus motivos. El silencio de la mujer es tan largo que los jóvenes tienen dificultad para aguantar la risa.

Finalmente habla y su voz es suave, pero severa. «No sé», dice, «no sé si el pájaro que tienen está vivo o muerto, lo único que sé es que está en sus manos. Está en sus manos».

Su respuesta puede ser tomada así: si está muerto, ustedes lo encontraron de este modo o lo mataron. Si está vivo, todavía pueden matarlo. En caso de que lo dejen vivo, es su decisión. En todo caso, es su responsabilidad.

Por querer burlar los poderes y la impotencia de la anciana, los jóvenes reciben una reprimenda, porque son responsables no sólo del acto de burla, sino también por el pequeño manojo de vida sacrificado para conseguir sus fines. La anciana deja de prestarles atención a las aserciones de poder para centrarse en el instrumento mediante el cual ese poder es ejercido.

La especulación de qué podría significar ese pájaro-en-la-mano (otra que su propio cuerpo frágil) siempre fue algo atractivo para mí, especialmente ahora, pensando, como lo vengo haciendo, acerca del trabajo que me ha traído ante ustedes. Por eso elijo leer al pájaro como el lenguaje y a la mujer como a una escritora con práctica. Ella está preocupada por cómo el lenguaje con el cual sueña y que le fue dado al nacer es manejado, puesto al servicio de diversos intereses, incluso apartado de ella con nefastos propósitos. Siendo una escritora, considera al lenguaje en parte como un sistema, en parte como una cosa viviente sobre la cual se tiene control, pero sobre todo como una operación, un acto con consecuencias. Entonces, la pregunta que los chicos le hicieron, «¿Está vivo o muerto?», no es irreal porque ella piensa en el lenguaje como algo susceptible de muerte, de erosión. Desde luego, expuesto al peligro y salvable solo por un esfuerzo de la voluntad. Cree que si el pájaro en las manos de los visitantes está muerto, los custodios son responsables por el cadáver.

Para ella, una lengua muerta no es solo aquella que no se habla o no se escribe más, sino la obstinada lengua que se contenta con la admiración de su propia parálisis. Como una lengua estática, censurada y censuradora. Despiadada en su actividad policial, no tiene deseos ni otro propósito que mantener el campo abierto de su propio narcisismo narcótico, su exclusividad y dominio. Por más moribundo que esté, no queda sin efecto ya que frustra activamente el intelecto, ahoga la conciencia, suprime la potencia humana… Inmune a las preguntas, no puede formar o tolerar nuevas ideas, armar nuevos pensamientos, contar otra historia, llenar los desconcertantes silencios. Una lengua oficial, fragmentada para sancionar la ignorancia y preservar los privilegios, es una armadura pulida para dar brillo, una cáscara de la cual el caballero escapó tiempo atrás. Y, sin embargo, ahí está: tonta, predatoria, sentimental. Excitando la reverencia en las escuelas, dando resguardo a los déspotas, reuniendo falsas memorias de estabilidad y de armonía entre la gente.

Ella está convencida de que cuando el lenguaje muera, a causa del descuido, el desuso, la indiferencia y la falta de estima, o sea, asesinado por una orden, no solo ella, sino todos los hablantes y creadores serán responsables de su muerte. En su país, los chicos se sacaron la lengua a mordiscos y usaron balas para no repetir la voz sin habla, la voz de un lenguaje lisiado y golpeador; ese dispositivo para luchar con significados que los adultos abandonaron, y que podría proveerlos de una guía o expresar amor. Pero ella sabe que sacarse la lengua no es solo una opción de niños. Es muy común entre las infantiles cabezas de Estado y los comerciantes del poder, cuyos vaciados lenguajes les dejaron sin acceso a lo que queda de sus instintos humanos, dado que solo hablan a aquellos que obedecen o, en todo caso, hablan para forzar obediencia.

El saqueo sistemático del lenguaje puede ser reconocido como la tendencia de sus hablantes a renunciar a sus matizadas, complejas y mayéuticas propiedades para usarlo como medio de amenaza y subyugación. El lenguaje opresivo hace más que representar la violencia: es violencia. Hace más que representar los límites del conocimiento, lo limita. Sea el oscuro lenguaje de Estado o las tergiversaciones de los insensatos medios; sea el maligno lenguaje de la ley-sin-ética, o aquél designado para el alienamiento de las minorías, escondiendo sus saqueos racistas debajo de un maquillaje literario. Todo esto debe ser rechazado, alterado y expuesto. Es el lenguaje que chupa sangre, que se ajusta la bota fascista con crinolinas de respetabilidad y patriotismo, al tiempo que se mueve implacablemente hacia el último y más oscuro lugar de la mente. Lenguaje sexista, lenguaje racista, lenguaje teísta son todas formas típicas de las políticas de lenguaje del dominio, que no pueden y no permiten nuevos conocimientos ni el encuentro de nuevos intercambios de ideas.

La anciana es profundamente conciente de que ningún intelecto mercenario, ningún dictador insaciable ni político a sueldo o demagogo ni ningún periodista impostor serían persuadidos por estos pensamientos suyos. Hay y habrá un lenguaje que excite a los ciudadanos a mantenerse armados, asesinando y siendo asesinados en los «shoppings», juzgados, correos, plazas, cuartos y bulevares; un lenguaje agitado, conmemorativo, que enmascara la pena y el gasto de una innecesaria muerte. Va a haber un lenguaje diplomático que apruebe la violación, la tortura, el asesinato. Hay y seguirá habiendo más lenguajes seductores, mutantes, designados para estrangular a las mujeres, hacer de sus gargantas un paté con sus propias palabras transgresivas e imposibles de decir; va a haber más lenguajes de vigilancia disfrazados como investigación; de política e historia, calculados para someter al silencio a millones de personas que sufren; un lenguaje glamoroso para maravillar a los insatisfechos para que asalten sus barrios, arrogantes lenguajes pseudoempíricos maquinados para encerrar a las mentes creativas en jaulas de inferioridad y desamparo.

Debajo de la elocuencia, el glamour, las asociaciones aprendidas de memoria, por más seductoras o incitantes que sean, por debajo, el corazón de ese lenguaje está languideciendo o quizá ya no late más… Si el pájaro ya está muerto.

Ella pensó en cómo podría haber sido la historia intelectual de cualquier disciplina si no se hubiera insistido en el gasto de tiempo y vida que las racionalizaciones y representaciones de la dominación requirieron; pensó cómo podría haber sido si esa disciplina no hubiera sido metida a la fuerza en los letales discursos de exclusión que bloquean el acceso al conocimiento, tanto al guardián como al prisionero.

La convencional enseñanza de la historia de la Torre de Babel es que ese derrumbe fue una desgracia. Fue la distracción o el peso de tantas lenguas lo que precipitó la fallada arquitectura de la torre. Ese único y monolítico lenguaje hubiera dado curso a la construcción y el paraíso hubiera sido alcanzado. ¿El paraíso de quién?, ella se pregunta. ¿Y de qué tipo? Quizás alcanzar el Paraíso hubiera sido una cosa prematura y un poco apresurada, si nadie se podía tomar el trabajo de entender otras lenguas, otras miradas, otros períodos narrativos. Si así hubiera sido, es posible que ese paraíso lo hubieran encontrado a sus pies. Complicado, demandante, sí, pero sería una visión del paraíso como vida, y no como vida más allá.

Ella no quisiera dejar irse a los jóvenes con la impresión de que el lenguaje debe ser forzado a mantenerse vivo para que meramente sea. La vitalidad del lenguaje reside en su habilidad para pintar lo actual, las vidas imaginadas y posibles de sus hablantes, lectores, escritores. Aunque a veces su equilibrio esté en desplazar la experiencia, no ser el sustituto de ella. Se extiende y arquea hacia donde el significado puede estar. Cuando un presidente de los Estados Unidos pensó en el cementerio en el que su país se había convertido, dijo: «El mundo apenas notará ni recordará por mucho tiempo lo que digamos ahora. Pero nunca va a olvidar lo que acá pasó». Sus simples palabras son estimulantes en cuanto a sus propiedades para mantener la vida porque se negaron a encapsular la realidad de 600.000 muertos de una catastrófica guerra racial. Negándose a monumentalizar, desdeñando la «palabra final», el conteo preciso, reconociendo su «pobre poder para sumar o apartar», sus palabras señalan deferencia hacia lo incapturable de la vida que llora. Es esa deferencia lo que mueve a la anciana, ese reconocimiento de que el lenguaje nunca puede coincidir completamente con la vida. Cosa que tampoco debería. El lenguaje nunca puede fotografiar la esclavitud, el genocidio, la guerra. Ni debería lamentarse por la arrogancia de poder hacerlo. Su fuerza, su felicidad radica en lanzarse hacia lo inefable.

Grandiosa o escasa, excavando, estallando o negándose a santificarse, aunque se ría en voz alta o llore sin un alfabeto, la palabra elegida, el silencio elegido, el sereno lenguaje surge y se dirige hacia el conocimiento, no hacia su destrucción. Pero, ¿quién no sabe de literatura prohibida por ser cuestionadora, desacreditada por ser crítica, borrada porque invierte? ¿Y cuántos son violentados por el pensamiento de un idioma que se autodestruye?

Ella piensa que el trabajo con las palabras es sublime porque es generativo, toma un significado que asegura nuestra diferencia, nuestra humana diferencia del modo en que no somos como ninguna otra vida. Morimos. Ese puede ser el significado de la vida. Pero nosotros hacemos el lenguaje. Esa puede ser la medida de nuestras vidas.

«Había una vez…». Unos visitantes le hacen una pregunta a una anciana. ¿Quiénes son esos chicos?, ¿qué hicieron de ese encuentro?, ¿qué escucharon en esas palabras finales: «El pájaro está en tus manos»? ¿Una oración que gesticula alguna posibilidad o una que deja caer un picaporte? Quizás lo que los chicos escucharon es: «No es mi problema. Soy vieja, mujer, negra, ciega. Lo único que sé ahora es que no puedo ayudarlos. El futuro del lenguaje es suyo, no mío».

Están parados ahí. ¿Y si suponemos que no hay nada en sus manos? Supongamos que la visita no fue más que una astucia, un truco para que les hablaran, para ser tomados seriamente como nunca lo habían sido anteriormente. Una oportunidad para interrumpir y violar el mundo adulto, su discurso de miasma acerca de ellos, para ellos, pero nunca dirigido hacia ellos. Urgentes preguntas están en juego, incluyendo la que hicieron: «¿Está vivo o muerto el pájaro?» Quizá la pregunta quería decir: «¿Alguien podría decirnos qué es la vida, qué la muerte?» Ningún truco, ninguna tontería. Una pregunta directa que vale la atención de alguien con sabiduría. Y experiencia. Pero si quien tiene experiencia y sabiduría y ha vivido una vida y enfrentado la muerte no puede describir ni una ni la otra, ¿quién, entonces?

Ella no lo hace, se guarda su secreto, la buena opinión que tiene de sí misma, sus pronunciamientos de gnomo, su arte sin compromiso. Mantiene su distancia, la refuerza y se retrae en su singularidad y desolación, en un espacio sofisticado y de privilegio. Nada, ninguna palabra sigue a su declaración de transferencia. Ese silencio es profundo, más profundo que el significado disponible en las palabras que ella ha dicho. Tiembla ese silencio y los chicos, enojados, lo llenan con un lenguaje inventado en el momento.

«¿No hay discurso o palabras» –le preguntan– «que pueda usted darnos para atravesar su historial de fracasos, atravesar la enseñanza que nos acaba de dar, que no es tal cosa porque le estamos prestando mucha atención tanto a lo que acaba de hacer como a lo que dijo? ¿No hay palabras para atravesar la barrera que usted levantó entre la generosidad y la sabiduría?»

«No hay ningún pájaro en nuestras manos, ni vivo ni muerto. Solo la tenemos a usted y a nuestra impotente pregunta. ¿Es la nada en nuestras manos algo que no soportaría contemplar, ni siquiera adivinar? ¿No recuerda su juventud cuando el lenguaje era mágico sin significado, cuando lo que podía decir podía no significar, cuando lo invisible era lo que la imaginación se esforzaba por ver, cuando las preguntas y demandas de respuestas quemaban tanto que temblaba de furia al no conocer? ¿Tenemos que llegar a ser adultos y conscientes luchando esa batalla que héroes y heroínas como usted ya pelearon y perdieron dejándonos con nada en nuestras manos, salvo lo que ustedes imaginaron que había? Su respuesta es un hábil artificio y nos avergüenza y debería avergonzarla a usted. Su respuesta es indecente en su autocomplacencia. Es un guion hecho para la televisión, que no tiene sentido si no hay nada en nuestras manos. ¿Por qué no se estiró para tocarnos con sus dedos suaves, para retrasar el sonido de la mordida que es esta lección, hasta que supiera quiénes éramos? ¿Tanto despreció nuestro truco, nuestro modus operandi que no vio lo deslumbrados que estábamos por querer llamar su atención? Somos jóvenes. Inmaduros. Toda nuestra corta vida escuchamos que debemos ser responsables. ¿Qué puede significar eso en la catástrofe en que este mundo se ha convertido? Donde, como dijo el poeta «nada necesita ser expuesto porque todo ya está descubierto». Nuestra herencia es una afrenta. Usted quiere que tengamos sus viejos, ciegos ojos y que veamos sólo la crueldad y la mediocridad. ¿Se cree que somos tan estúpidos como para romper las promesas que nos hicimos una y otra vez, por la mera ficción de una nacionalidad? ¿Cómo es que se atreve a hablarnos del deber cuando estamos hundidos hasta la cintura en la toxina de su pasado?»

«Usted nos banaliza y vuelve trivial el pájaro que no tenemos en las manos. ¿Acaso no hay contexto para nuestras vidas, ninguna canción, literatura o poema lleno de vitaminas, ninguna historia conectada con la experiencia que nos pueda pasar para ayudarnos a empezar con más firmeza? Usted es una adulta. La anciana, la sabia. Deje de pensar en salvar su pellejo. Piense en nuestras vidas y cuéntenos su particular mundo. Invente una historia. Narrar es algo radical que nos crea al mismo tiempo que creamos. No le vamos a culpar si su alcance excede su comprensión, si el amor así enciende sus palabras, se transforman en llamas y nada queda de ellas salvo su combustión. O si, con la reticencia de la mano de un cirujano, sus palabras suturan solo en los lugares donde la sangre podría brotar. Sabemos que nunca podría hacerlo del todo bien así, de una vez y para siempre. La pasión nunca es suficiente, ni la habilidad. Pero intente. Para que ni nosotros ni los suyos olviden su nombre en las calles, díganos qué fue para usted el mundo en los lugares oscuros y en los luminosos. No nos diga qué creer, qué temer. Muéstrenos los amplios ámbitos de la creencia y la costura desde la cual se desenreda la membrana del miedo. Usted, anciana mujer, bendecida con la ceguera, puede hablar el lenguaje que nos dice aquello que solo el lenguaje puede: cómo ver sin pinturas. Solo el lenguaje nos protege del terror de las cosas sin nombre. Solo el lenguaje es meditación».

«Díganos qué es ser una mujer, así podemos saber qué es ser un hombre. Lo que es moverse en el margen. Lo que es no tener casa en este lugar. Ser puesto a la deriva y lejos de los que uno conoce. Lo que es vivir al borde de pueblos que no soportan su presencia. Cuéntenos acerca de los barcos alejados de la costa para Pascua, la placenta en los campos. Cuéntenos de los vagones cargados de esclavos, de cuán suavemente cantaban, de modo que no podían distinguirse de la nieve cayendo; de cómo sabían, por la curvatura del hombro más cercano, que la próxima parada sería la última; de cómo, con las manos juntadas en sus sexos, pensaban en el calor, y después en el sol, levantando sus caras como si estuviera ahí para tocarlo. Girando como si estuviera ahí para tocarlo. Paran en una posada. El conductor y su compañero entran en ella con una lámpara, dejándolos susurrando en la oscuridad. El vapor que sale de los resoplidos del caballo llega hasta la nieve debajo de sus patas, y ese silbido y la nieve derritiéndose son la envidia de los congelados esclavos. La puerta de la posada se abre: una chica y un chico se asoman desde ese adentro iluminado. Trepan al vagón. El chico tendrá un arma en tres años, pero ahora lleva una lámpara y una jarra con bebida tibia. Se la pasan de boca en boca. La chica ofrece pan, pedazos de carne y algo más: una mirada rápida a los ojos de aquellos a los que iba sirviendo. Uno para cada hombre, dos para cada mujer. Y una mirada. Ellos devuelven la mirada. La próxima parada será la última. Pero no esta. En esta hay calor».

Está todo en silencio cuando los chicos terminan de hablar, hasta que la mujer lo rompe: «Finalmente», dice, «confío en ustedes ahora. Confío en ustedes con el pájaro que no está en sus manos porque lo han atrapado verdaderamente. Miren. Qué hermoso es, esto que hemos hecho juntos».

Fuente: abc.es/cultura

Novedades en Botella al mar

   Aprovecho para recordarles que, más allá de los textos que publiqué en la página Botella al mar hay dos poemas que quedaron como entrada fija: uno en Lapizázulix, la galaxia del cuento que se llama “Hacia el origen”  y otro en el inicio de Otras miradas que se llama ARA San Juan. Van a quedar allí, pero también he decidido colocarlos en Botella al mar por si llego a cambiar el diseño y decido colocar otra entrada fija en algún momento; por otra parte, no todos conocen Lapizázulix y no siempre les resultarán de interés las temáticas vinculadas con microrrelatos y narración oral.

   Hace tiempo que no dejo en Botella al mar alguno de mis poemas así que hoy voy a arrojar algunos. Los más antiguos tienen esa tendencia a la rima, sin embargo no quise descartarlos por las vivencias que están por detrás. Otros son más experimentales, con lo cual existe el riesgo de que suenen muy cerebrales. Por último: hay dos que llevan nombre de persona; aprovecho que nunca pasan por este espacio así no se enteran de que están presentes en mis textos.

PRUEBA CON EDITOR MEJORADO

Acá estamos recomenzando

Primeras aproximaciones a lo que vendrá

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Combinando experiencias

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Grabación de lectura de texto. Seguimos probando