ARA SAN JUAN: “TODOS ERAN MIS HIJOS”

Con sumo respeto por mis compañeros de ruta en esta nación que tantas veces ha sufrido heridas hondas; con la modesta alusión en el título a una obra de Arthur Miller, espero entiendan mi esperanzada y dolorida, contradictoria expresión en este ensayo de poema:

ARA SAN JUAN (con modesto y silencioso respeto)

Vos no los conocías ni ellos a vos pero hubieran dado la vida por todos

( Frase recogida en Facebook)

 

El océano, la inmensidad…

Líquido uterino: contención de madre, origen;

Profundidad, misterio, angustia y tumba.

Ahora no; mañana, mañana.

Cuarenta y cuatro esperan

La macabra esperanzada “piedra libre”

De un juego en el que va más que ganarlo,

De un juego que es el de la vida y la muerte,

Como en una corrida de toros

En la que el animal rodea y acecha

Al tiempo que seduce como una sirena encantadora

Que simula protegernos.

Pero afuera otros libran sus propias batallas:

Contra el tiempo, la incertidumbre, el dolor, lo oculto…

Por la esperanza, la verdad, la justicia, el consuelo.

Por la esperanza, por la esperanza como un rezo

Y que parece conjurar las voces

Interesadas, desinteresadas, cristalinas, oscuras

De naciones muy diversas y de cofradías confusas.

Abajo, adentro fluye y transcurre el tiempo

Con la naturalidad de todos los seres en todos los tiempos:

La cotidianeidad de la vida… y de la muerte.

Desde abajo, desde adentro de nuestro mar interior

Emergen voces que los llaman, los reclaman, los invocan

Allí donde dormitan esperando esperanzados

Alimentando nuestra espera de un regreso

Que no nos haga necesario evocarlos.

1934 y 1936: años de teatro

En el año intermedio entre los dos mencionados en el título no hubo entrega del Premio Nobel de Literatura. En estos, se galardonó a Luigi Pirandello en 1934 y a Eugene O’Neill en 1936. Hasta ahora, salvo el hecho de que ambos fueran dramaturgos, ninguna relación parece unirlos.

1934 Luigi Pirandello Italia
1936 Eugene O’Neill Estados Unidos

De hecho, no se me hubiera ocurrido hablar de ambos en conjunto si no fuera por los azares de las búsquedas de información, que trajeron a mi vista un artículo en el que se los mencionaba precisamente sólo por el hecho de que uno continuara la lista de premiados: primero un italiano y luego un estadounidense.

Sin embargo, el mismo artículo despertó mis impresiones acerca de un cierto contraste en cuanto al estilo teatral y la índole de las temáticas planteadas por ambos escritores. Por otra parte, a diferencia de otros casos, para encontrar los discursos de recepción del Nobel debí recurrir, en ambas ocasiones, a fuentes distintas de las que utilizo habitualmente: el de Eugene O’Neill apareció en una página de Facebook en tanto que para el de Luigi Pirandello debí contentarme con extractos que figuraban en el artículo arriba mencionado y también en una nota del diario La Nación. Podría decirse, en el caso de Pirandello, que la ausencia de su discurso en los portales podría estar relacionada con su participación en la última parte de su vida en un ámbito laboral vinculado con la política imperante; en cuanto a O’Neill se refiere, ni siquiera hay un indicio acerca de las razones por las cuales sus palabras no figuran (salvo que se deba al hecho de que casi todas sus expresiones fueron de elogio y admiración por el dramaturgo sueco Strindberg, de quien se reconoce discípulo).

Esta idea de inspiración original me trae a la mente lo que, para mí, representa la mayor felicidad que la ocasión me brinda, es decir, la oportunidad de reconocer, con gratitud y orgullo, ante Uds. y ante el pueblo de Suecia, lo mucho que mi trabajo debe al gran genio de la dramaturgia moderna, a su Augusto Strindberg.

En relación con el contraste antes señalado, considero de vital importancia recordar el peculiar universo pirandelliano, donde la obra es posterior a los personajes y se gesta a partir de ellos así como también se manifiesta un cierto predominio del absurdo en la vida de los seres de carne y hueso (no por ello más “reales”, vitales que los personajes de ficción).

“Usted sabe muy bien que la vida está llena de absurdos y que estos, extrañamente, ni siquiera deben aparecer como creíbles, ya que son verdaderos”.

En el caso de O’Neill, por otra parte, suele vincularse su dramaturgia con el realismo propuesto por autores como Chéjov e Ibsen; si bien esta forma de realismo no condice con las características del movimiento literario del que fueran ejemplos Balzac, Tolstoi, Larra, entre otros, es también cierto que de algún modo anticipa las variantes del realismo que se desarrollarán tiempo después hasta llegar inclusive a las formas que adquirió el Realismo mágico de García Márquez, por ejemplo.

En Dínamo, de 1929, uno de sus personajes dice: “Creer en el sentido común es la primera falta de sentido común”

La necesidad de aceptar la vida con una concepción desesperada en la que se desnuda la imposibilidad de usar el sentido común también es abordada por Pirandello, con un especial uso del humor. Según se menciona en uno de los artículos “…la disponibilidad vital es eternamente contrariada por la vida misma. Y la actitud por adoptar no puede ser sino una: el humorismo. Entiéndase bien: no el elegante, ingenioso y acaso desdeñoso sentido del humor anglosajón, sino el feroz humor sanguíneo (y sanguinario) de un siciliano. Si el hombre es una criatura cómica, Pirandello así lo mostrará al comienzo, luego lo volverá patético y al final lo despeñará en la tragedia.”

De algún modo se llega aquí a un enclave en donde las propuestas estéticas diversas de Pirandello y O’Neill concluyen abonando por diferentes vías e influencias una mirada peculiar acerca de la vida y esencia del ser humano: el absurdo y el grotesco, desde la rama del italiano; la presunta objetividad de la representación de una realidad que en verdad depende de la mirada del autor (con la complicidad del lector) y que se desnudará posteriormente en lo “real maravilloso” (como lo definiera Alejo Carpentier). Ambas vertientes contienen una visión crítica de la seguridad que el ser humano suele adoptar acerca de su ser, su identidad, su condición y dejan expuesta una mirada quizás pesimista o trágica en algunos casos, irónica en otros, trágica o tragicómica además en relación con la vida, la existencia del ser humano (En ocasiones estas observaciones “neorrealistas” del universo en que habitamos suelen ser más inquietantes que historias provenientes del estilo de la narrativa fantástica).

Pese a que no podría decirse que las siguientes palabras podrían aplicarse a la dramaturgia del estadounidense tal y como él lo expresaba, escogí las de Pirandello que dejo a continuación porque directa e indirectamente caracterizan lo que ambos escritores plasmaron en sus obras y en las de sus “discípulos” o “herederos” en relación con la concepción de nuestra vida (seres humanos y/o personajes).

“¿Por qué ficción? No, todo es vida en nosotros. Vida que es revelada a nosotros mismos. Vida que ha encontrado su expresión. Ya no se finge más, cuando nos hemos apropiado de esta expresión hasta convertirla en la fiebre de nuestro pulso, en lágrimas de nuestros ojos, o en risa de nuestra boca. Comparen las muchas vidas que puede vivir una actriz, con la que cada cual vive cotidianamente: de una estupidez, a menudo, deprimente…. No lo advertimos, pero todos, cada día, sofocamos el florecer de quién sabe cuántos germenes de vida, posibilidades que están dentro de nosotros, obligados como estamos a continuas renuncias, mentiras, hipocresías…¡Evadirnos, transfigurarnos, convertirnos en otros!”.

Palabras de DONATA en TROVARSI

Wisława Szymborska: ¿para qué sirve un poeta?

Cuando leí el discurso de recepción del Premio Nobel de la escritora polaca en 1996 recordé inmediatamente a un escritor argentino: Isidoro Blaistein. De allí surgió la imagen que coloco en el título.

En uno de sus libros, al que llamó Anticonferencias, dedicó un capítulo completo (“¿Para qué sirve un poeta?”) a planteos similares a los que la poetisa galardonada expuso. A través de algunos relatos breves pero metafóricos, de observaciones de situaciones cotidianas y de preconceptos que circulan entre la gente, Blaistein señalaba que todo poeta es un inútil y que, en general, para su familia el que escribe poesía (o el artista en general) es un inútil. Aludía a la necesidad que tiene la gente de encontrarle a todo un sentido práctico y al hecho incontrastable de que el arte no es algo pragmático. Concluía su capítulo señalando que la poesía (el arte en general) sirve para que veamos el mundo como si diéramos vuelta los párpados (no sé si no haya sido esta imagen la que me trajo el nombre del blog en el que nos encontramos).

Dice Szymborska:

El poeta contemporáneo es escéptico y desconfía incluso -o más bien principalmente- de sí mismo. Con desgano confiesa públicamente que es poeta -como si se tratara de algo vergonzoso. En estos tiempos bulliciosos es más fácil que admitamos los vicios propios, con tal de causar efectos fuertes; mucho más difícil es reconocer las virtudes, ya que están escondidas más profundamente, y hasta uno mismo no cree tanto en ellas. En las encuestas o en los encuentros con amigos ocasionales, cuando el poeta se ve forzado a definir su profesión, acude al término genérico «escritor» o al de alguna otra profesión que adicionalmente ejerza.

De hecho menciona lo que sucediera con Joseph Brodsky, quien en 1987 obtuvo el Premio Nobel de Literatura, que había sido catalogado como una especie de “parásito” por no tener un certificado para ejercer como poeta.

Pero aún hay más: según la escritora polaca todo poeta rehúye definir lo que es la poesía y confiesa que ella misma ha eludido esa situación. Lejos de tratarse de un defecto o de una falla en el profesionalismo del poeta, Szymborska destaca que es la asunción de esa ignorancia (“no sé”) la que le devuelve al escritor la posibilidad de percibir lo asombroso de un mundo que ya lleva varios siglos y que sin embargo todo el tiempo nos da algo por descubrir (para bien o para mal).

a pesar de cualquier cosa que pensáramos sobre este teatro inmenso, para el cual tenemos un billete de entrada pero su vigencia es ridículamente corta, limitada por dos fechas decisivas; a pesar de no sé qué cosa más que pudiéramos pensar sobre este mundo: es asombroso.

Y debate con el Eclesiastés aquella frase que ya conocemos por los latinos (“Nihil novum sub sole”) en la que se señala que no hay nada nuevo bajo el sol:

Pero luego lo habría cogido de la mano: «Nada hay nuevo bajo el sol», has escrito, Eclesiastés. Sin embargo, Tú mismo has nacido nuevo bajo el sol. Y el poema que has creado también es nuevo bajo el sol, ya que antes de Ti nadie lo había escrito. Y nuevos bajo el sol son tus lectores, puesto que los que vivieron antes que Tú no te podían leer. Y el ciprés, en cuya sombra te sentaste, no crece aquí desde el principio del mundo. Le dio origen otro ciprés, semejante al tuyo, pero no en todo igual. Y además te quisiera preguntar, Eclesiastés, ¿qué desearías escribir, ahora, de nuevo bajo el sol? ¿Algo con qué completar tus ideas, o tal vez tienes la tentación de negar algunas de ellas? En tu poema anterior concebiste también la alegría, y ¿qué hay del hecho de que resulte ser tan pasajera? ¿Tal vez sobre ella va a tratar tu nuevo poema bajo el sol? ¿Tienes ya algunos apuntes o primeros esbozos? Pues no dirás «ya he escrito todo, no tengo nada que añadir».

Y por si no fuera suficiente el camino desandado en la tradición de la cultura universal a través de algunas de sus manifestaciones, todavía destaca algo que termina de descolocar al arte como lo conciben en su gran mayoría tanto intelectuales, escritores, artistas en general como lectores y personas con las que uno se cruza todos los días: el arte no depende de la inspiración, no está protegido por las musas ya que inspiración es algo que tenemos casi todos los seres humanos:

la inspiración no es privilegio exclusivo de los poetas ni de los artistas en general. Hay, hubo, habrá siempre un número de personas en quienes de vez en cuando se despierta la inspiración. A este grupo pertenecen los que escogen su trabajo y lo cumplen con amor e imaginación. Hay médicos así, hay maestros, hay también jardineros y centenares de oficios más. Su trabajo puede ser una aventura sin fin, a condición de que sepan encontrar en él nuevos desafíos cada vez. Sin importar los esfuerzos y fracasos, su inquietud no desfallece. De cada problema resuelto surge un enjambre de nuevas preguntas. La inspiración, cualquier cosa que sea, nace de un perpetuo «no lo sé».

Y como señalábamos más arriba, Szymborska reivindica ese NO SÉ como aquello que todo poeta debe conservar como garantía de poder seguir siéndolo y de ese modo escribir sabiendo que continuamente está tratando de completar su existencia, de combatir su insatisfacción y su incertidumbre acerca de un universo que está incompleto en cada poeta pero que, pareciera, resulta completo o único en la visión total de los poetas y de los lectores que recorren los diferentes caminos propuestos en las poesías. Porque pese a que el escritor es un ser humano como todos nosotros, pese a que la inspiración no le es exclusiva, lo cierto es que la escencia de lo poético radica en el diferente valor que adquiere la palabra: “Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.”

También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente «no sé». Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas «La Obra».

MARIO VARGAS LLOSA: ¿la literatura como evasión o como liberación?

Elogio de la lectura y la ficción  (FUENTE)

Por supuesto, como en otras ocasiones, he dejado allí arriba el link para que revisen el discurso completo expuesto por Mario Vargas Llosa en ocasión de recibir el Premio Nobel.

Recuerdo un artículo (en cuanto vuelva a encontrarlo lo enlazo acá) en el que Vargas Llosa destacaba que no se es mejor escritor ni más representativo de su propio país por permanecer en él y que ello es absolutamente independiente del país y la lengua que haya decidido adoptar, siempre y cuando conserve la vinculación con sus raíces. Algo de aquello pueda quizás resonar en las siguientes palabras, pero agregan dos cuestiones: se conoce la propia tierra a la distancia y se la valora por el prestigio que toma en Europa, por un lado; se remarca la idea de una América Latina que suele ser más conocida por razones políticas más que artísticas.

Pero, acaso, lo que más le agradezco a Francia sea el descubrimiento de América Latina. Allí aprendí que el Perú era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geografía, la problemática social y política, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escribía. Y que en esos mismos años producía una literatura novedosa y pujante. Allí leí a Borges, a Octavio Paz, Cortázar, García Márquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua española y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubrían que América Latina no era sólo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachachá, sino también ideas, formas artísticas y fantasías literarias que trascendían lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.

Al releer el discurso no me he podido abstraer al planteo de varios críticos y escritores acerca de si su participación intelectual en Perú y en el mundo está centrada en la política o en el arte. Y ciertamente, aunque todos seamos seres políticos, me ha faltado encontrar en esta exposición ideas tan potentes o convincentes en relación con la literatura como las que despliega en torno a la política, en particular la de América Latina. Por otra parte, en la cita precedente se observa un Mario Vargas Llosa que no se diferencia de la mirada europea: del mismo modo que ellos ha descubierto la veta artística de Latinoamérica fuera de su nación, en lugar de llevar con él su tradición hacia aquel continente:

Igual que antes París, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores españoles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconociéndose dueños de una misma tradición y aliados en una empresa común y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la España democrática la cultura sería la protagonista principal.

Siempre que se habla de Mario Vargas Llosa pareciera que uno debiera referirse a su militancia política, a su formación en un colegio militar, a su carácter de “ciudadano del mundo” (según sus palabras y haciendo referencia a sus estadías y aprendizajes en Francia y España), a sus cuentos y novelas. Además, lo que en general se observa en su discurso es que las experiencias intelectuales que comparte tanto en Francia como en España están más vinculados con la política que con la literatura; es cierto que durante la época de la Guerra Civil Española los escritores latinoamericanos fueron los primeros en alzar la voz contra los embates de la dictadura, pero en el caso de Vargas Llosa ocurre que, si por un lado percibe o atisba en aquellas épocas de residencia en España lo feroz de la política y la necesidad de que la cultura florezca, parece no haber comprendido el proceso agónico de transformación que ha debido atravesar España (y lo duro que fue para regiones españolas, Cataluña entre ellas, recuperar su lugar y su tradición) para revertir lo que dejara sembrado el franquismo. Basta con leer las crónicas que realizan en la actualidad en Aragón acerca del rescate de nuevas huellas y cuerpos de desaparecidos de aquella época en estos últimos años para comprender que lo que sigue es una verdad a medias:

De todos los años que he vivido en suelo español, recuerdo con fulgor los cinco que pasé en la querida Barcelona a comienzos de los años setenta. La dictadura de Franco estaba todavía en pie y aún fusilaba, pero era ya un fósil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de antaño. Se abrían rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad española absorbía nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas artísticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovechó tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivió una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creación. Se convirtió en la capital cultural de España, el lugar donde había que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendría.

En mi opinión, dejando de lado el valor estético de su narrativa, uno debiera enfocarse en el dramaturgo de obras tales como La señorita de Tacna y algunas otras entre las cuales destaca El loco de los balcones. Es en realidad en esos espacios donde aparece el Vargas Llosa que pone en práctica lo que aquí sólo circula en las palabras, a veces sospechosas de una connivencia con lo que se entiende que la comunidad cultural desea escuchar. La obra de teatro que menciono conjuga la visión del siglo XX de lo que ha sucedido en una sociedad peruana que se escinde entre la valoración de la llegada del conquistador español, la ciudad como exposición de las diferentes capas que han sedimentado la cultura (pasando por la época colonial y llegando a la era progresista actual), la búsqueda de lo nativo originario y su rescate como la verdadera esencia de la sociedad representada en esta historia. Un espacio similar tiene, a mi juicio, Pantaleón y las visitadoras dentro de su narrativa precisamente por la ironía y sátira que despliega en relación con una institución militar anquilosada y plagada de prejuicios y estereotipos.

En su discurso Mario Vargas Llosa adopta en relación con Latinoamérica, su tradición, sus raíces originarias, su vínculo con España una mirada que conjuga diferentes visiones. En primer término destaca su observación acerca de su propia relación con Perú y España: “Jamás he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte español porque siempre he sentido que España y el Perú son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no sólo en mi pequeña persona, también en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura”.

Por otra parte, adopta una imagen bastante tradicional, aquella que identifica a algún país latinoamericano (en este caso Perú) como un crisol de razas:

Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de «todas las sangres». No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A mí me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehispánicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chimú, Chan Chan, Kuelap, Sipán, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los españoles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Perú a Grecia, Roma, la tradición judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y Góngora, y a la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con España llegara también el África con su reciedumbre, su música y su efervescente imaginación a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Perú, como el aleph de Borges, es en pequeño formato el mundo entero. ¡Qué extraordinario privilegio el de un país que no tiene una identidad porque las tiene todas!

Quizás aquello que más vincula con lo que se ve en El loco de los balcones y que nos muestra otra visión de la actualidad latinoamericana está presente en las siguientes palabras, en las que se observa una mirada crítica de la criolla Latinoamérica que desprecia, ignora, desconoce, desdibuja sus raíces originarias y replica actitudes del colonizador:

Aquellas críticas, para ser justas, deben ser una autocrítica. Porque, al independizarnos de España, hace doscientos años, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explotándolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos países, diezmándolo y exterminándolo. Digámoslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipación de los indígenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido.

Exceptuando este aspecto que acabo de señalar y que considero uno de los más destacables de su discurso, uno debe reconocer que el discurso del escritor peruano es bastante ortodoxo y se ciñe a modelos vinculados con una tradición bastante ligada al agradecimiento por los honores recibidos y a la consagración de valores ya muchas veces mencionados:

  • se dedica a hablar del valor de la lectura, de cómo escritura y lectura son dos formas complementarias para esgrimir una protesta, de cómo la literatura es capaz de conmover y emocionar a personas de diferentes épocas y culturas aunque no coincidan con el contexto de enunciación del que ha emanado la creación artística. Menciona, por otra parte, múltiples escritores que por diversas razones han tenido influencia en su formación.

Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan.

la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible».

El resto… es discurso político: su defensa de la democracia, su experiencia en España luego de la Guerra Civil Española, su repudio a todo tipo de dictadura de cualquier signo (aunque hay algunos que no están mencionados). Quizás por ello también quede relativizado lo que señala acerca de que ser ciudadano del mundo no le ha impedido conservar sus raíces y que desde Francia, por ejemplo, ha aprendido a descubrir América Latina. Lo que en aquel artículo mencionado (“Literatura y exilio”) resultaba lógico de entender, se oscurece en este discurso suyo en el que lo que parece haber descubierto de América Latina resulta opacado por algunas de sus afirmaciones.

Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida.

T. S. ELLIOT: la poesía como símbolo

El significado de la poesía

En primer lugar hay que considerar que los discursos han variado su estética a lo largo del tiempo. Lo he señalado ya en alguno de los que recorrimos y que corresponden a las décadas anteriores a 1980. En este caso, 1948, la exposición no sólo es más breve que en los últimos años sino que además se escuda en lo que la retórica termina considerando como lugares comunes: el primero de ellos, la imposibilidad de transmitir con palabras todo lo que se necesita; el segundo, la relación disímil del lenguaje de la poesía con el de otras artes (música, pintura…) y las formas de aprehenderlas del receptor. Podría mencionarse también que hace una exposición de la falsa modestia cuando habla acerca de sus encontradas sensaciones en relación con su posible reacción ante quienes le otorgaran el premio.

Confesar mi propia indignidad sería poner en duda la sabiduría de la Academia.

Alabar a la Academia podría sugerir que yo, como crítico literario, aprobaba el reconocimiento otorgado a mí mismo como poeta.

T. S. Elliot

En otro orden de cosas, concluye señalando que el Premio Nobel en sí mismo es como la definición de un rol o una función para alguien que una vez galardonado se convierte en símbolo en relación con su oficio y su procedencia.

Me parece más la elección de un individuo, escogido de vez en cuando de una nación u otra, y seleccionado por algo así como una obra de misericordia, para jugar un papel singular y convertirse en un símbolo peculiar.

Quizás lo más destacable de su exposición sea la caracterización de la poesía como la más vinculada con las raíces de un lugar y por ello mismo más difícil de transmitir a otros idiomas al mismo tiempo que se vuelve interesante observar qué tan profundo puede llegar cuando es adecuadamente entendida por lectores de diferentes lenguas y procedencias. De este modo, la idea de que la poesía es la más “local” de las artes queda refutada cuando señala el hecho de que premiar con el Nobel a un poeta es como la afirmación de un orden simbólico de que esa obra es supranacional.

Por otra parte, debemos recordar que mientras el lenguaje constituye una barrera, la poesía en sí misma nos da una razón para tratar de salvarla.

Deleitarse con un poema derivado de otro idioma es disfrutar una comprensión del pueblo al que pertenece ese idioma, una comprensión que no podemos conseguir de otra manera.

Y entiendo la concesión del premio Nobel de Literatura, cuando se le otorga a un poeta, primordialmente como una afirmación del valor supranacional de la poesía.

Esa trascendencia de la poesía, por otra parte, se percibe cuando diferentes lectores y escritores reciben las influencias de aquellos a quienes podrían considerar sus antecesores y al mismo tiempo brindan a futuras generaciones los gérmenes de renovadas formas poéticas.

Cuando un poeta habla a su pueblo, las voces de todos los creadores de otras lenguas que han tenido influencia en él también están hablando.

Y al mismo tiempo, él está hablando para los jóvenes poetas de otras lenguas y estos transportarán algo de su visión de la vida y algo del espíritu de su pueblo hacia el de ello

La conclusión entonces, tal y como observamos en la actualidad es la posibilidad que la poesía tiene para trascender fronteras y, lejos de que el dioma sea un impedimento, convertirse en un puente entre personas de diferentes culturas.

En parte a través de su influencia sobre otros, en parte a través de la traducción, que debe ser también una especie de recreación de su obra por otros poetas, en parte a través de los lectores de su lengua que no son ellos mismos poetas, el poeta puede contribuir a la comprensión entre los pueblos.

SEFERIS/ELYTIS: Grecia, esencia y tradición

https://www.nobelprize.org/prizes/literature/1963/seferis/speech/

En el enlace anterior el discurso completo de Giorgos Seferis, Premio Nobel 1963

https://www.ersilias.com/discurso-de-odysseus-elytis-al-recoger-el-premio-nobel-de-literatura-de-1979/

Y aquí el de su coterráneo, Odysseus Elytis, galardonado en 1979.

He decidido trabajar este artículo enlazando las imágenes de los dos escritores griegos con el objetivo de observar raíces comunes e interesantes variaciones que, sin embargo, no los distancian en relación con ciertas esencias.


¿Quién es el ser, el único ser de entre todos los habitantes de la tierra, las aguas, el aire, que tiene una única naturaleza, pero posee dos pies, tres pies y cuatro pies, y es más débil cuntos más pies posee?

Al volver al palacio donde ha nacido, Edipo ha mezclado los tres estados de la existencia humana, tal como la concebían los griegos. Se identifica con su padre al ocupar su lugar; pero también con sus hijos, que a la vez son sus hermanos. El monstruo que menciona la Esfinge, es también el mismo Edipo.

Enigma de la esfinge de Tebas a Edipo

La referencia a Edipo y su resolución del enigma que le presenta la Esfinge es necesaria para entender por qué Seferis hace alusión a ella en el final: “debemos buscar al hombre dondequiera que podamos encontrarlo”. Lo cierto es que ambos escritores, por caminos diferentes pero no muy alejados, buscan al hombre, su esencia, su vinculación con la tradición de su país de origen y también con una actualidad mundial que ha recibido parte de la herencia griega desde muy diversas disciplinas.

Así como para Seferis en el acertijo de la Esfinge radica el misterio que el ser humano debe comprender y asimilar, también para Elytis hay un enigma, pero el eje en este caso lleva hacia el hombre desde la indagación de la belleza, la luz y por ello mismo su definición de la poesía alude a lo que no podemos abarcar sólo con el pensamiento:

Existe ciertamente el enigma. Existe ciertamente el misterio. Pero el misterio no es una puesta en escena que se sirve de juegos de sombras y tinieblas con el solo fin de impresionarnos. Es aquello que, aún en medio de la luz absoluta, continúa siendo misterio y se convierte en ese resplandor que atrae y que llamamos belleza. La belleza constituye un camino –quizá el único– hacia la parte desconocida de nuestro ser, hacia aquello que nos excede. De aquí se deriva una definición más de la poesía: es el arte de aproximarnos a lo que nos sobrepasa.

Odisseus Elytis

Esa búsqueda de la esencia del ser humano, la que define de algún modo la realidad, el aquí y ahora que se enlaza de todos modos con un “más allá” también nos advierte acerca de los peligros que afrontamos en esa peligrosa tensión entre la “antigua ignorancia” y “el actual exceso de conocimientos”. Hace referencia a ello en lo que sigue, luego de haber citado a Hölderin:  “wozu dichter in durftiger zeit (¿para qué un poeta en tiempos de indigencia?)”.

¡Ah, sí, por cierto, los tiempos han sido siempre durftiger (de indigencia) para el hombre! Pero, por su parte, la poesía nunca dejó de oficiar. Estos dos hechos, destinados a acompañar nuestro tránsito terrenal, se equilibran el uno al otro. Y cómo podría ser de otra manera si hasta la noche y los astros pueden ser percibidos por nosotros gracias al sol, con la salvedad de que este, según lo expresado por el filósofo de la antigüedad, cuando sobrepasa sus límites incurre en “injuria”. Por nuestra parte, es necesario que nos encontremos a una distancia adecuada del sol moral, del mismo modo que nuestro planeta lo está con relación al sol natural, para que la vida sea posible. De aquí es dable inferir que tanto la ignorancia que nos extraviaba en otros tiempos, como el excesivo conocimiento que hoy nos trastorna, son consecuencias de nuestra incorrecta ubicación con respecto al sol moral.

Odysseus Elytis

Para ambos escritores lo que dirige nuestros destinos es una forma de estar en el mundo: para Seferis debe reivindicarse el amor a lo humano, la justicia, la poesía como un acto de confianza

Porque creo que la poesía es necesaria para este mundo moderno en el que nos aflige el miedo y la inquietud. La poesía tiene sus raíces en el aliento humano, y ¿qué seríamos si nuestro aliento se redujera? La poesía es un acto de confianza, y ¿quién sabe si nuestro malestar no se debe a una falta de confianza?

Giorgos Seferis

en tanto que Elytis destaca que la poesía está fuera del alcance de todo deterioro y rescata su valor como el lenguaje común para los seres humanos y su posibilidad de conectarnos con la libertad y la dignidad humana; al estilo del poeta español Rafael Alberti, sus imágenes vinculan con el sol, la transparencia, la visibilidad:

Por lo demás, me parece que la experiencia personal y las virtudes del lenguaje que utiliza el artista o el poeta, constituyen aportes sustanciales para el logro de la mayor visibilidad posible, visibilidad que se vuelve tanto más necesaria cuanto más densa es la oscuridad que caracteriza a la época en que vivimos.

Odysseus Elytis

Así como antes replicamos las palabras que Elytis destaca de Hölderin, no sólo la alusión a Edipo y las tragedias clásicas son relevantes en el discurso de Seferis. Al cerrar su exposición, haciendo referencia a Alfred Nobel y al impulso que motivó la creación de este premio, Elytis cita a Shelley cuando completa su frase de agradecimiento a la Academia destacando que sea una institución

capaz de «juzgar con solemne verdad la mala suerte de la vida», por citar a Shelley, quien, se dice, inspiró a Alfred Nobel, cuya grandeza de corazón redime la violencia inevitable.

Giorgos Seferis

Para el poeta –parece extraño pero es verdad–,los sentidos constituyen el único lenguaje común que sigue teniendo vigencia para él:desde hace milenios no ha variado la manera en que se tocan dos cuerpos. Es un lenguaje que,por lo demás,no ha desencadenado luchas como las que generaron las miles de ideologías que ensangrentaron nuestras sociedades, dejándonos con las manos vacías.

Odysseus Elytis

La lengua griega nunca ha dejado de hablarse. Ha sufrido los cambios que experimentan todos los seres vivos, pero nunca ha habido una brecha. Esta tradición se caracteriza por el amor a lo humano; la justicia es su norma. En las tragedias clásicas estrechamente organizadas, el hombre que excede su medida es castigado por las Erinias. Y esta norma de justicia se mantiene incluso en el ámbito de la naturaleza.

Giorgos Seferis

Seleccioné para concluir este comentario citas de ambos autores en los discursos analizados por parecerme que expresan tanto lo común como lo diverso de ambos. Quedaría quizás por señalar que en tanto Seferis hace referencia a una contraposición planteada en el año 1962 entre ciencia y literatura (“se dijo que hay una enorme diferencia entre los descubrimientos de la ciencia moderna y los de la literatura, pero poca diferencia entre los dramas modernos y griegos“) y su vinculación con la tradición clásica, Elytis destaca la imagen del arquitecto en referencia al modo de crear (sin que ello determine una estructura rígida ni dirigida por cánones): “Procedí, por lo tanto, del mismo modo en que lo hicieron Píndaro,en la antigüedad,y Romanós o Mélodos,en Bizancio,quienes inventaron para cada oda o himno un ritmo inédito. Y advertí, con toda evidencia,que la repetición por períodos de determinados ritmos y determinados versos, le daban un aspecto poliédrico y al mismo tiempo simétrico a la obra que proyectaba.

COETZEE: ¿la alegoría del escritor personaje?

Coetzee, de 63 años, -el segundo escritor sudafricano que obtiene el Nobel, después de Nadine Gordimer (1991)-, hizo gala de su conocida parquedad al citar sólo unas palabras de Churchill cuando obtuvo el galardón hace 50 años, como todo discurso. Dijo el escritor: “Tres cosas son las más difíciles en la vida de un caballero: besar a una dama que vuelve la cabeza, saltar una valla inclinada hacia afuera y pronunciar un buen discurso de agradecimiento para una cena como esta”.

Fuente: La Nación

Cité las palabras de La Nación porque aun si fuera así lo cierto es que en la conferencia Él y su hombre el escritor desplegó otras imágenes.

Cuando las primeras bandas de plagiarios e imitadores descendieron sobre su historia isleña e impusieron al público sus propias historias fingidas de la vida de los náufragos, le parecieron ni más ni menos que una horda de caníbales cayendo sobre su propia carne, es decir, , su vida; y no tuvo escrúpulos en decirlo. Cuando me defendí de los caníbales, que buscaban golpearme, asarme y devorarme, escribió, pensé que me defendía de la cosa misma. Poco imaginé, escribió, que estos caníbales no eran más que figuras de una voracidad más diabólica, que roerían la sustancia misma de la verdad.

Pero ahora, reflexionando más, comienza a deslizarse en su pecho un toque de compañerismo por sus imitadores. Porque le parece ahora que sólo hay un puñado de historias en el mundo; y si a los jóvenes se les debe prohibir que se aprovechen de los viejos, entonces deben permanecer sentados para siempre en silencio.

 

El discurso de Coetze en la conferencia comienza con una cita de Robinson Crusoe. A lo largo de su exposición el escritor menciona a alguien que actuaría como un administrador de informes, algo así como alguien que cataloga un conjunto de historias y las etiqueta. Él y su hombre pocas veces se cruzan en algún espacio, quizás imaginario; su hombre es quien registra los relatos que se suceden en algún lado, es el que puede crearlas mientras él está en otras ocupaciones, en algún viaje… Ese desdoblamiento del que habla Coetze se parece a muchos otros pero al mismo tiempo es diferente: el que anhela vivir/el que crea en papel la vida de otros; el que vive varias vidas, aun las imaginarias/quien escribe informes que quizás sean relatos de vida; él, que además es Robin/el otro, ¿que los escribe?

¿Él, el otro, ese hombre suyo, encuentra más fácil el negocio de la escritura? Las historias que escribe sobre patos y máquinas de muerte y Londres bajo la plaga fluyen con bastante gracia; pero también lo hicieron sus propias historias una vez. Tal vez lo juzgue mal, ese hombrecito apuesto de paso rápido y el lunar en la barbilla. Quizás en este mismo momento se sienta solo en una habitación alquilada en algún lugar de este amplio reino, sumergiendo el bolígrafo y volviéndolo a sumergir, lleno de dudas, vacilaciones y dudas.

Quizás todo lo que Coetzee desarrolla en su conferencia sea, como dice uno de los personajes, una alegoría. Quizás en ella se refleja la vida de quien vive/escribe/sueña su propia vida a través de otras, reales o imaginarias, ajenas o creadas por él, distanciadas de sí por la construcción de un alter ego que le dicta su propia existencia. Y quizás haya más…

Si debe establecer una semejanza para los dos, su hombre y él, escribiría que son como dos barcos que navegan en direcciones contrarias, uno al oeste y otro al este. O mejor, que son marineros trabajando en el aparejo, el uno en un barco que navega hacia el oeste, el otro en un barco que navega hacia el este. Sus barcos pasan cerca, lo suficientemente cerca como para granizar. Pero el mar está embravecido, el tiempo es tormentoso: sus ojos azotados por el agua, sus manos quemadas por la cuerda, se pasan unos a otros,

José Saramago: el arte de saber vivir

http://www.premura.com/ De este sitio, que corresponde a la Editorial Premura he recogido el discurso de José Saramago. A falta de posibilidad de contactarme con la editorial, he incrustado el documento tal y como aparece en la web en formato pdf.

Contar algo que sucedió hace mucho tiempo, cuando ya han transcurrido otras situaciones, quizás no tenga mérito pero hay una situación personal que no podré evitar relatar: Cuando surgieron los primeros títulos del escritor portugués y aún yo no había leído nada de él, sucedió que mis ojos se toparan con un título: Todos los nombres. Y sin mucho que pueda explicar más allá de alguna frase que quizás pudiera haber oído al azar y mucho antes de la nominación, recuerdo que pasó por mi mente una idea: Este escritor va a ser Premio Nobel. Lo único que sé es que nunca antes ni después me ocurrió algo similar con otro escritor y lo cierto es que el libro que antes mencioné lo leí tiempo después, regalo de ex alumnos de mi escuela.

Y ahora a lo más importante, que son las palabras de Saramago.

Es por cierto este discurso la carta de presentación ideal para su personalidad: así como su discurso adquiere una profundidad y dimensión filosófica tanto en aquellos escritos netamente ficcionales como en los que se intercala lo ensayístico, también puede uno descubrir que todo ello proviene de un ser austero, con un eje en las raíces de la tradición natal y familiar.

El recorrido por sus palabras no hace ni más ni menos que llevarnos en un viaje a la infancia, donde radica el origen de su escritura: los sueños de su abuela, los relatos de su abuelo:

“El hombre más sabio que he conocido en toda mi vida no sabía leer ni escribir”

Y según señala el mismo Saramago es el conocimiento y el recuerdo (el insistente trabajo de reconstruir el recuerdo) de los seres de su familia aquello que le da los materiales para la creación de sus personajes. Y quizás sea por ello también que él se siente al mismo tiempo que creador, ser creado (criatura de sus personajes).

Haz clic para acceder a saramagodiscursonobel.pdf

En cierto sentido se podría decir que, letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro, he venido sucesivamente implantando en el hombre que fui los personajes que creé.